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Gaza, la deshumanización en clave feminista

Por Aparte

El Movimiento por la Salud de los Pueblos y Voces Judias por la Paz organizó un webinario sobre la situación de hambruna, muerte social y genocidio que sufre el pueblo palestino. En esta oportunidad estuchamos a Sarah El Kathib[i], que vive en Palestina y es becaria de la FBA y trabaja con el equipo de defensa de la organización MIFTAH[ii]  y al antropólogo Alex de Waal director ejecutivo de World Peace Foundation y profesor investigador de la Fletcher School de la Universidad de Tufts, que ha trabajado sobre temas como hambruna, conflictos y otras cuestiones.

La población que aún sobrevive en Gaza lo hace en condiciones casi infrahumanas, en la precariedad de las tiendas de campaña, azotada por un crudo invierno, sin agua potable,  casi sin asistencia médica, ya que 37 organizaciones humanitarias, entre ellas Médicos Sin Fronteras, le han sido denegados sus permisos para dar asistencia a la población. Una política de crueldad que va corriendo los límites de la deshumanización.

En ese contexto,  la investigadora Sarah El Kathib,  como parte de una organización que trabaja desde Palestina, hizo un relato del impacto de los horrores del genocidio en mujeres y niñas que viven cotidianamente en Gaza. Lo primero que ubicó es  el bloqueo como una estrategia de guerra, que es anterior a octubre 2023, pero que a partir de dicha fecha se ha intensificado sometiendo a la población a una hambruna, pocas veces vista. 

La multiplicación del hambre en el cuerpo de las mujeres

Sus consecuencias afectan de manera directa y principalmente a las mujeres que son quienes sostienen la vida, y soportan el hambre con sus propios cuerpos para que lo poco de alimento llegue a niños y enfermos.   La catástrofe humanitaria que se vive en Gaza además socava la  dignidad de la vida. La investigadora, relata desde el territorio la deshumanización de la vida, “dicen que son seres humanos pero son seres hambrientos”. En este contexto las mujeres están exhaustas y desnutridas, al mismo tiempo que se incrementa la mortalidad materna, las madres no pueden amamantar y no tienen acceso a la leche de fórmula que podría alimentar a los recién nacidos, mientras las posibilidades de higiene son muy escasas.  ¿Quién puede imaginar que es menstruar para una mujer en Gaza?  El relato resulta desgarrador, pero necesario,  para dar cuenta que la protección de la vida llega a un límite casi imposible de sostener, donde las y los niños en Gaza, desde pequeños  salen a deambular para pedir comida. La investigación científica, que parece necesaria en términos de exigir recursos y hacer valer derechos,  no puede evitar conmovernos, a pesar de la indiferencia de los gobiernos cómplices del genocidio.

El antropólogo inglés, Alex de Waal, subraya lo vergonzante que resultan quienes hacen como si no pasara nada.  Fue muy preciso en su alocución, explicó que cuando la gente habla de hambre hay que escuchar la palabra humillación, trae el recuerdo de Primo Levy,  sobreviviente de Auschwitz,  que relató  “nos convertimos en hambre por el hambre que teníamos, dejamos de ser humanos, comíamos como animales no como humanos”.  De Waal destaca que la hambruna es algo social, un arma del cuerpo biológico contra el espíritu humano, nos priva de lo que nos hace humanos. Además aclara que las víctimas no quieren hablar de la humillación que significa comer restos de animales,  no poder asearse, no tener donde hacer sus necesidades más primordiales, entre tantas situaciones.                                    En inglés la palabra compañía viene de acompañar, compartir con otro la comida. La hambruna envía a lo individual, a esconder la comida, rompe los lazos de humanidad entre las personas, su propósito es matar la humanidad. Esto es la hambruna como muerte social, afirma de Waal.

Alex de Waal nos recordó la paradoja de quienes se han vuelto verdugos. Fue un jurista judío polaco, Rafael Lemkin,  quien acuñó el término genocidio para ese “crimen sin nombre”, que rompe el espíritu a través del hambre, que puede destruir una comunidad con las prácticas deshumanizadoras, y es así como se revelan los signos de que hay un genocidio que destruye el tejido social. “En términos generales, el genocidio no significa necesariamente la destrucción inmediata de una nación, salvo cuando se realiza por el exterminio masivo de todos los miembros de una nación. En cambio, intenta significar un plan coordinado, comprensivo de diversas acciones, con el propósito de destruir los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales y de aniquilar los grupos en sí. El genocidio se dirige contra el grupo nacional como una entidad, y las acciones del mismo son dirigidas a los individuos, no en su calidad de individuos, pero como miembros de un grupo nacional”[iii].

Son las mujeres, quienes soportan y resisten con sus cuerpos contra las políticas que multiplican el genocidio sobre el pueblo palestino. El llanto de las mujeres mientras sus niños duermen, la escasa alimentación, enfrentar la imposibilidad de asumir las tareas de cuidado de la vida, en todas sus formas. Espectadoras y participes, al mismo tiempo que sufren los constantes desplazamientos, lo que ocasiona traumas adicionales por la falta de vínculos que les permitan sostener una situación a la que resulta muy difícil de definir y muestran la inmensa capacidad de un pueblo que se resiste a ser exterminado. El genocidio, que parecía haberse detenido, con el Alto al Fuego, continúa por otros medios, menos explícitos, invisibilizado por los medios que responden al poder colonial, pero con el agravamiento de la catástrofe humanitaria en la que ha sido sumergido el pueblo que se niega a desaparecer.

 Publicado originalmente en Gaza, la deshumanización en clave feminista – Huella del Sur


[i] FBA, agencia experta de Suecia en la implementación de la Resolución 1325 del Consejo de Suguridad de las Naciones Unidas, adoptada en 2000 que junto con resoluciones posteriores conforma la agenda para las mujeres, la paz y la seguridad.     

[ii] MIFTAH, Iniciativa Palestina para la Promoción del Diálogo Global y la Democracia que tiene su sede en Ramala, Cisjordania y cubre toda palestina.

[iii] https://encyclopedia.ushmm.org/

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