Emilio Gómez Barroso
- Tripalium
- Trabajo gremial y dividido
- Robota
- La caída

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, rezaba el libro de los libros, pero como decía un chiste español, algunos no lo entendieron bien y pensaron ganárselo con el de enfrente.
Las derivaciones que podemos testar de la palabra trabajo son muy distintas, y su desplazamiento a lo largo de la historia representa una deriva significante con tránsitos de sentido de necesaria parada. Ganarse el pan siempre fue un castigo al placer puro que con el tiempo se convierte en pereza, un recorte al goce producido por un dios que ya juzgaba la unión sexual como un reto al poder divino. Dicha unión representaba un acceso del hombre al saber mediante el disfrute de la prohibición, dicho sea de paso, seducción mediante.
La palabra trabajo representa un significante puro en sus múltiples desplazamientos, su origen etimológico se deriva precisamente del castigo que recibían los que se negaban a hacerlo. Proviene de la derivación del verbo tripalliare (latín) hacia el término tripalium, instrumento que servía para la unción de bueyes y que más tarde se convierte en un aparato de tortura consistente en tres palos, uno clavado al suelo y los otros dos en forma de cruz de San Andrés para atar los pies y las manos separándolos del cuerpo, donde se mantenía precisamente al que no quería someterse a la labor, como sabemos esclava, pues se comienza a usar en el siglo VI de nuestra era, con el poder eclesiástico implantado, que señalaba desde los campanarios las diferentes labores del día. Era necesario trabajar y contribuir al diezmo y a los impuestos que financiaban los placeres nobles, cercanos a Dios, y alejados de las labores penosas.
Cuando las sociedades fueron evolucionando y los productos de recolecta se tornaron suficientes para el sostenimiento de la comunidad se constituyeron trabajos alejados del alimento, que tenían más que ver con la transformación de los metales, la producción de objetos, la introducción de las artes, y la dedicación exclusiva a la economía que escapaba del hogar y de los dioses particulares para atender a los dioses más generales, y fascinar con el brillo al intercambio y a los mercados aún demasiado locales.
Estas labores de prestigio fueron constituyendo los gremios, cuyo saber no se transmitía excepto por un largo aprendizaje. Miradas a los distintos pasos que necesitaba el maestro para ejecutar el objeto acabado de su oficio. Éste transmitía su saber con la dosificación de un cuentagotas, ponía en manos del aprendiz solamente lo que estaba seguro de dejar a la destreza adquirida, pero jamás la globalidad del producto, hasta que la confianza no estaba plenamente forjada. Esto coincidía casi al final con la sustitución del maestro por el aprendiz. El oficio se custodiaba con el celo del cofre de un avaro.
Ahora bien, hay una cantidad de movimientos que se repiten en los trabajos mecánicos, movimientos dilatados a lo largo de una jornada, pero que sin embargo son siempre imitables por cualquiera que lo quisiera hacer. El nudo es uno de ellos, siempre los nudos tienen la misma forma, y sirven para lo mismo. El primer nudo que se conoce es el nudo del lenguaje, anudar unas palabras con otras. Incluso podemos observar la misma etimología entre texto y textil, formar una tesitura de palabras o de hilos que se entrecruzan.
El tejido representa la necesidad de cubrir la desnudez, al igual que las palabras desnudas son los nombres de las cosas para cubrirlas de sentido y confusión.
“Mirad los lirios del campo, cómo crecen no se fatigan ni hilan. Yo os aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe!” Mateo 6:24–33
Seguramente nos eche al fuego. La introducción de los telares industriales en el Manchester del siglo XVIII supuso una aceleración de los procesos de producción. Mientras la ciudad se cubría de smog y partículas de carbón que volvían la atmósfera irrespirable, la esperanza de vida infantil, sobre todo aquéllos que trabajaban en las industrias, bajó a los 16 años y las leyes de los cottages que los empleaban eran de fuero interno y no permitían ninguna permeabilidad por parte del Estado. Hubo que recurrir a legislaciones específicas para la infancia.
Aun así el éxito del tejido no consistía solamente en haber confeccionado una superficie como una urdimbre, sino en el diseño de su agujero, hecho así para introducir en él el mayor número de cabezas. El vestido hacía la ley, el Estado y la subordinación a la corona.
¿Qué le sucede al hombre con la introducción de la máquina?, pierde la percepción del producto final de su trabajo. A su vez, la máquina imita una serie de movimientos, pero no todos y, sobre todo, no son capaces de enchufarse a sí mismas (de momento), vuelta al primer motor. Las máquinas solamente necesitan a los hombres al principio y al final de la jornada, y un ojo vigilante que no sea el de Dios. El hombre comienza también a su vez a trabajar de modo maquinal, dedica su labor a un número exiguo de movimientos que le hacen calcular el valor de su trabajo no con la ganancia en el mercado de su producto acabado o recogido, sino con el valor de intercambio de un producto en el que sólo ha participado en parte. La división del trabajo produce un hombre cada vez más ignorante de su saber, esto ni le preocupa.
Si en el Menon de Platón, el amo le hace inferir al esclavo el cálculo de la mitad de una baldosa con la simple mayeútica, no es para que el esclavo llegue a las mismas conclusiones que él, sino para extraerle su saber y dejarlo embarazado de su espíritu, bajo prestigio de su propia muerte, fascinación hacia lo poco que importa la vida si uno es elegido a cambio.
La producción se sustenta en un trípode: capital, medios de producción y trabajo. Cada cual con su valor. Ahora bien, lo único que añade valor al producto es la cantidad de horas de trabajo necesarias para acabarlo, el resto de las patas se desgastan a medida que se desarrollan o se usan. El sistema capitalista se sustenta exclusivamente en la producción/destrucción de valor.
¿Qué sucede con el trabajo en la actualidad? Sigamos un poco más adelante con otra palabra que se introduce en la actividad laboral “robot” (con pretensiones de enchufarse sólo mediante algoritmos dominantes). Su etimología nos traslada a la palabra checa “robota” que significa trabajo pesado.
Una de las mayores revoluciones del capitalismo es, necesitando la palabra trabajo en su seno, haber producido un hombre vago, ¿para qué? Para volverlo consumidor, el capitalismo solamente necesita que se produzca goce, eso es lo que compra, o lo que aprecia.
Aparentemente no tiene límite, puesto que no limita con otro sistema aledaño, sino que encuentra su ser en la oposición al otro, eso es lo que le engorda. Podríamos decir que es un sistema que produce odio en cantidades extremas, ¿para qué?, para no ser en vacío, para no parecerse a lo imposible y quedarse con lo que se puede hacer pese a la destrucción completa del hombre. Sólo necesita al hombre para evacuarlo por el sumidero de restos.
El capitalismo productivo tiene dos límites: uno interno y otro externo que están intercomunicados (ver teorías del grupo krisis). Lo único que añade valor al producto es el trabajo, la introducción de la máquina y la aceleración de los procesos no añaden valor, sino que multiplican el producto y lo abaratan. Es decir, que dicha aceleración llena el mundo de productos desechables susceptibles de ser sustituidos por otros, que generan cada vez más basura, plastificando incluso los océanos y los estómagos, introduciendo una sustancia de vida más larga que la humana en la cadena trófica del propio hombre. Ese es el límite externo, que el capital ya no puede generar valor con la multiplicación del producto la que ha llegado con la mecanización de la producción.
La desesperación cunde cuando no se ve, ya no sistema de relevo, sino ningún enemigo que le haga sombra. Su enemigo es el mismo capital con otra forma, el mercado financiero. Las mayores crisis que el capitalismo ha tenido en su historia corresponden al sistema financiero, porque es el generador de confianza “in god trust”, sin embargo, cuando se produce la crisis de las hipotecas basura con la caída de grandes firmas como Leman brothers, para ejercer una acción coordinada de la ruina, se les propone a los brokers a cambio de su desprestigio, la fortuna nada despreciable de un millón y medio de dólares, para algunos suficiente para quedar al margen del sistema. Lo curioso es cual fue el desglose en algunos empleados de sus inmensas operaciones anteriores: 25% en buena vida: putas, licores grandes comidas (desgravable como gastos de representación, 30% ayudas parentales, trajes y viajes, 35% en hipotecas y solamente un 10% reservado para lo que pudiera pasar.
El casino mundial no sirve para escapar del sistema, sino para ahondar más en sus errores hasta que se produzca la digestión total.
Si alguna vez Marx pensó una clase que iba a disolver a todas las clases anteriores tomando el poder de lo que supone el valor, se equivocó con este tipo de reinvenciones apoyadas en la estupidez del hombre o en el placer de convertirse en el resto del gran pájaro del capital.
Reza el “manifiesto contra el trabajo” del grupo Krisis: “Proletarios del mundo, dejadlo ya”
Bibliografía:
- “La Biblia”
- “El Capital” tomo I. Karl Marx
- “la ética del psicoanálisis” Jacques Lacan
- “Anatomy of a Meltdown: A Dual Financial Biography of the Subprime Mortgage Crisis” Michael P. Malloy
- “Manifiesto contra el trabajo” Grupo Krisis
- “La sociedad autófaga” Anselme Jappe
