
Según Gerard Pommier la escritura no se inventó para comunicarse con los demás hombres sino para conversar con los dioses. Los primeros caligramas chinos tenían esa función ritual y religiosa. Sus autores los escribían a veces en sitios inaccesibles, en el fondo de vasijas de bronce, donde solo la mirada de un dios podía descifrarlos.
Según la cultura ancestral japonesa, la producción de los makemonos, que son estos paneles que caen desde el cielo, mitad representación, mitad escritura, son la plasmación de lo que puede hacer el hombre en el ‘hsing’, paso del hombre por la tierra, y que de alguna forma es mandato del cielo ‘ming’. El mandato del cielo es lo que hace retroceder al hombre con respecto a lo que puede alcanzar, y ellos muestra entonces, todo un límite necesario.
Según esta concepción ancestral, ante la pregunta de un rey a Meng Tzun sobre qué hacer para la prosperidad de su pueblo, él responde con el fluir de la cascada, no contradecir la naturaleza, sino aprovechar su fluir, para luego devolver el flujo de agua al río. El hombre no deja de escribir en ese panel de caída, pero escribe según una ley singular y rítmica cuyo soplo no tiene la contención del cálculo obsesivo, sino una matemática donde se contrarrestan los contrarios para dejar respirar el vacío.
Esta sería la estructura del poema, que excluye cualquier control pleno de la decisión de no integrarse en un sentido único. Tzun Tzu soñando ser una mariposa, dudando si es la mariposa misma la que sueña ser Tzun Tzu.
¿Que se escribe?
Ante la agresión de Israel y EE. UU. a Irán, bajo la excusa de tirar abajo el régimen cuaternario de Alí Jameini, con los viejos argumentos de la posesión de armas nucleares, pero con un telón de fondo: control de las rutas de petróleo y la enésima cagada de liberar a un pueblo del yugo maniqueo, ante el nuevo despliegue de la ‘pax yanqui’, y no olvidemos también bíblica (del antiguo testamento), el demonio está en la tierra. Frente a ello, China ofrece dos vías, ¿cómo no?, como sacadas del mismo Confucio, una ying y otra yang, para que respire el vacío necesario, una exterior y otra de defensa. En concreto la de defensa no se refiere a una respuesta militar, sino que parece que desde un sincretismo mao-confucianista sugiere que la cultura estadounidense es adicta a la guerra. Una lógica del consumo que atraviesa cualquier territorio, los más visibles y los más invisibilizados, como son las tierras de América, África donde se ha impuesto la lógica de guerra para saquearlas. El colonialismo es la política que se impone sin distinción. Mientras Europa asiste a la crisis civilizatoria con el consentimiento de sus gobiernos, en otros países llamados menos desarrollados la guerra por los recursos lleva más de 500 años de exterminio. Una crisis que se ha instalado en la pantalla sin velo.
Mientras escribimos escuchamos:
Iranian Jazz Shadow Atlas • Instrumental Inner Voyage
Consumidores del planeta
Tratar a Estados Unidos de Estado adicto es casi dar en el clavo sin la oposición violenta del odio, o de los contrarios, leído con una letra que reescribe lo borrado, después de 300 años de existencia solamente han tenido apenas 16 años de paz. Es decir, han vendido la paz con la guerra perpetua. Como aquél que necesita un consumo continuo de estupefacientes (muchos de ellos estupendos) para fascinarse una y otra vez con la salvación. La visión del fuego purificador del napalm era acompañada en Vietnam con bastantes dosis de LSD. El consumo, en cualquiera de sus variantes, ha reemplazado a la palabra humano. Dice Ailton Krenak, ‘estamos dopados por esta realidad nefasta de consumo y entretenimiento que nos desconectamos del organismo vivo de la Tierra’.
Curiosamente, en un momento en el que las élites de Silicon Valley, anteriormente seculares, de repente están descubriendo al salvador. Ambas visiones –el Estado corporativo con prioridad para las personas privilegiadas y la nación búnker para el mercado de masas– tienen mucho en común con la interpretación fundamentalista cristiana del Rapto bíblico, cuando los fieles serán supuestamente elevados a una ciudad dorada en el cielo, mientras que las personas condenadas se quedarán aquí en la Tierra para soportar una batalla final apocalíptica.
Hasta no hace mucho tiempo, eran principalmente los fundamentalistas religiosos quienes recibían los signos del apocalipsis con alegre entusiasmo por el tan esperado Rapto. Trump ha entregado puestos críticos a personas que suscriben esa ortodoxia ardiente, entre ellos varios sionistas cristianos que consideran que el uso de la violencia aniquiladora por parte de Israel para expandir su territorio no es una atrocidad ilegal, sino una prueba feliz de que la Tierra Santa se está acercando a las condiciones en las que regresará el Mesías y los fieles obtendrán su reino celestial. Un nuevo ideal construido para continuar con las políticas de dominio.
Tu nube seca mi rio
La época nos trae palabras desde lejos, donde había algún horizonte de utopia que proponía el sistema menos unipolar, donde habia alguna ilusión que parecía posible. Hace unos años, el psicoanalista Osvaldo Martín, fundador de la ong Murmullos, nos hacía pensar algunas cuestiones en relación a la época y la situación de vulnerabilidad social.
“La exclusión se vincula topológicamente con la posibilidad que me da el otro de habitar mi propia morada y cuando digo la práctica profesional genera exclusión, en verdad la práctica genera mi propia exclusión no la del otro”.
Para entender esto hay un ejemplo de la política uruguaya, cuando el Frente Amplio ganó las elecciones en la intendencia aplicó una política respecto a los ricos que era el aumento de impuestos y además les planteó algo así:
- Ustedes no necesitan que nosotros pongamos dinero en la educación de sus hijos porque ustedes pueden pagar los mejores colegios.
- Ustedes pueden pagar la mejor salud.
- Pueden pagar la mejor cultura.
Lo que no pueden pagar es la tranquilidad, la falta de violencia.
Mike Davis (historiador urbano nacido en los suburbios de la baja California) planteaba en su libro ‘Ecología del miedo: ciudades muertas’ un proyecto de exclusión de todos los elementos nocivos urbanos para dejar las ciudades al servicio del disfrute turístico (habitante apolítico), incluso con cárceles improvisadas en centros comerciales. Como si fuera un ideal de pureza posible, ciudades de diseño.
El desembarco de la exclusión ultrafascista viene de la mano de los algoritmos dominantes de las distintas plataformas hegemónicas. La Nube almacena una infinidad de datos que nos dejan en manos del ojo vigilante del ‘gran hermano’, el panóptico con una mentalidad supremacista blanca y escatológica. Se impone un autocontrol desde la censura oficial como la única posible, pero en esa revolución silenciosa que olvida al otro aparece una escritura de protesta: una moratoria para los nuevos centros de datos se llama “Tu Nube Seca Mi Río”, porque sin agua no hay vida posible y quizás sea el efecto deseado. El planeta se ha convertido en una lata de sardinas.
¿Acaso no ves que ardo?
La presidenta actual de la comunidad de Madrid (España), en pleno aislamiento por la pandemia utilizaba este argumento liberto-capitalista: ‘Todo el mundo es libre de gozar con lo que pueda, algunos con su bolsa de patatas fritas y otros con su yate’.
Miren este paralelismo escatológico, “se salvan las almas que lo merecen”:
¿Pero qué hay de las bases de MAGA? No todos son lo suficientemente fieles como para creer sinceramente en el Rapto, y la mayoría no tiene el dinero para comprar un lugar en una ciudad de la libertad, y mucho menos en un cohete espacial. No hay nada que temer. El fascismo del fin de los tiempos ofrece la promesa de muchos arcas y búnkeres más asequibles, estos sí al alcance de los soldados de a pie de menor rango.
La presidenta de la comunidad de Madrid dejaba de lado todos los protocolos colectivos que tanto molestan, e imponía el olvido del cuidado del otro, las consecuencias: más tarde se sabía que el protocolo aprobado para la gestión del SARS 2 en las residencias de ancianos arrojaba una cifra de 7291 víctimas con una sola declaración, ‘Iban a morir de todas formas’. El capitalismo hizo metástasis, ocupó el planeta entero y se infiltró en la vida de manera incontrolable.
Otro carro de fuego para la expiación de la culpa apoyada por las decisiones judiciales, ‘no hay relación causa-efecto con esos protocolos y la muerte’.
A la salida ultra de la pandemia se instaló un recorte a la vulnerabilidad, la pena tiene un tratamiento de centrifugado en la pantalla de plasma que sustituye el mundo por un mapa convenientemente señalado con sensores comerciales, asegurando también que el mapeo no sea neutral, para lo ignoto, paliativos (remedios con efectos secundarios). Desde ahí nos hemos acostumbrado a todas la matanzas de niños en Palestina, o en Iran, olvidando hasta los códigos de las mafias más crueles: ‘no matamos niños’, como límite de lo posible. Si se matan niños no hay futuro, si se matan ancianos olvidamos de dónde venimos y mientras tanto las tasas de natalidad decrece rápidamente, lo que nos acerca a un mundo en vías de extinción. Sin embargo las grandes movilizaciones, populares, lejos de los cómodos sillones de gobiernos, impusieron un Alto al Fuego, ficticio, que fue útil para que esas noticias salieran de los medios masivos de in-comunicación. Las matanzas continúan aún, por otros medios, más veladas, con hambrunas, enfermedades prevenibles y condiciones de subsistencia inhumanas.
Ante nuestros ojos y sin nuestro consentimiento se está tomando una decisión indescriptiblemente sombría: las máquinas por encima de los seres humanos, lo inanimado por encima de lo animado, los beneficios por encima de todo lo demás.
En otro tiempo un mapa también podía ser un poema
En la Edad Media los mapas bajaban con detalle las zonas exploradas por el hombre europeo. En las zonas no exploradas los cartógrafos ponían como indicación las palabras “Hic sunt leones” (aquí hay leones). Esto quería decir simplemente que nadie sabía lo que había allí.
La pantalla está al servicio del espectáculo, es decir, de gozar con la fascinación y no moverse del lugar, y a su vez sentir que el mismo goce es el vigilante atento de cualquier movimiento no deseado, demasiada fiera para alguien tan chiquito.
Mirar cómo los dioses para ganarle a la pulsión de muerte
El topo se quedó ciego porque, en lugar de ver hacia afuera, se puso a mirarse el corazón, se trincó en mirar para adentro y nadie sabe por qué llegó en su cabeza de topo ese mirarse para adentro. Y ahí de necio el topo en mirarse el corazón y entonces no se preocupa de fuertes o débiles de grandes o pequeños, porque el corazón es el corazón no se mide como se miden las cosas y los animales. Y eso de mirarse para adentro solo lo podían hacer los dioses y entonces los dioses lo castigaron al topo y ya no le dejaron mirar pa´fuera Y además lo condenaron a vivir y caminar bajo tierra. Y por eso el topo vive abajo de la tierra porque lo castigaron los dioses y el topo ni pena tuvo porque siguió mirándose por dentro y por eso el topo no le tiene miedo al León. Y tampoco le tiene miedo al León el hombre que sabe mirarse el corazón.
Porque el hombre que saben mirarse el corazón no ve la fuerza del León, ven la fuerza de su corazón y entonces lo mira al León y el León lo mira que lo mira el hombre y el León mira en el mirarlo del hombre, Que es solo un León y el León se mira que lo mira y tiene miedo y se corre.
Freud nos mostró que la pulsión de muerte está allí al acecho, esperándonos. El viejo Antonio nos recuerda en estos relatos que “Sólo la esperanza alivia al hombre de la herida del tiempo…”
Relatos del Viejo Antonio, Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos. Ejércíto Zapatista de Liberación Nacional. México, Junio de 1997.
Calamares en su tinta.
@Parte
