Lo no-dicho. El ausentido. Aucapitalismo.
¿Qué escritura nos aparece? ¿Qué función tiene lo escrito?
‘Hay un texto que sorprende, el que aparece a la vez que el lector suficiente’
La literalidad del texto ha fracasado, la lectura del texto como una especie de letanía que hace diapasón en el plexo humano solo sirve para los momentos íntimos del templo. La plaza pública, la pos-verdad hace que sus efectos se diluyan en una especie de doxa obsoleta.
Por tanto, si hay algo que nos lee, no nos lee desde el sentido, sino desde el lugar de nuestras pasiones, desde donde amamos, odiamos o ignoramos, eso es lo que nos localiza. Aparece en el espacio.
El Estado se ha mostrado lento con respecto a la protección de los avatares que acontecen desde la ambición y el placer humano hacia la humillación y abuso del semejante. Así el espacio de protección en los lugares donde no hay cobertura estatal lo ocupa el narco, la prostitución y el consumo religioso. La mirada burguesa se va acostumbrando a no juzgar demasiado las nuevas crueldades que imponen los nuevos modos de vida falsamente tranquilos, los negocios antaño sórdidos son nuevamente aceptados, tomados como mal necesario hacia un séptimo adviento.
Sabemos que los efectos de esto son crueles, pero no podemos esquivarlos, ni tampoco mostrarlos de manera pornográfica, como huellas del sacrificio.
El nuevo capitalismo de casino y volatilidad aparece acelerado y convulsivo, zigzagueando en un cielo crepuscular, un día hay mucho otro día no hay nada y se vende como única solución. La nueva era, ‘la era de dios’ sigue apareciendo volcánica y demente, como una especie de locura senil vestida con equipo deportivo, gorra de beisbol y una pasión inusitada hacia el triunfo sin mirar las consecuencias, y sin tiempo para el futuro y tampoco para la memoria.
Por ello la letra de esta escritura conlleva una desapropiación de sentido, una atemporalidad y un elemento ilógico que salta de la cadena secuencial fónica, la escritura es más allá de la voz y más allá de la mirada, pero con ambos objetos pulsionales, solo así se escapa al ámbito del silencio de la pulsión de muerte.
No hay un yo capaz de reabsorber esa unidad, excepto de manera ilusoria, se puede dar cuenta de ella en la medida en que uno mismo también aparece como elemento de lectura.
Nosotros, como analistas del leer, intentamos sostener ese progreso del significante como destino (deterioro incluido, si se quiere) en tanto en cuanto ‘la letra localiza bien el campo significante escapando de la oposición’, pero confundir esto con una especie de prestigio que hace al lugar que ocupamos es volver otra vez al error de entrar en el tejido de mercado. Hay que escapar una y otra vez de la valorización y el fetichismo del lugar adorado. La figura del analista de éxito o de moda, medido por la cantidad de pacientes o el valor de su sesión, se asemeja demasiado al youtubero o al influenciero.
Las diferentes lecturas que se proponen en cada época del capitalismo se tornan regionalismos epistémicos, lugares de un saber durmiente y consolador. Todo saber es instrumentalizado por el amo y llevado primero al dinamismo, después a la velocidad y más tarde a la aceleración, en una especie de hacer sin semblante, el capitalismo no hace lazo, no necesita el pacto. ‘El saber puro (la universidad) es un lujo para el capitalismo’. El capitalismo mata el criterio y lo hace negocio, si no le sirve, lo desprecia y lo banaliza o lo ridiculiza.
Si nos decidimos por posicionarnos, no lo hacemos del lado del anti que luego puede ser pro, sino del lado del au (aucapitalismo), en tanto en cuanto a veces nos vemos tomados por él, pero nuestra intención es investigar lo que sucede a nivel de la fagocitación y la frescura, y lo que surge de esa ausencia de relación, de esa insatisfacción perpetua que produce el propio sistema y de esa digestión eterna que vuelve inhabitable cualquier realidad.
Es por lo que en este espacio planteamos la salida hacia el arte, concretamente a lo que el arte tiene de acto, el poema que surge del hacer.
La elección del objeto es libre, a veces caprichosa, como el ready made, busca no fascinar, no ser útil, pero sí ser habitada, aunque sea con la adrenalina necesaria para sentirse vivo, creación en el borde de la mirada que aparece o molesta al ojo que no la espera. A veces aún no está incluida en lo gramático, pero lleva la semilla del misterio.
Marcel Duchamp ‘la novia seducida por sus célibes’
- Los espacios de decisión del lugar se constituirán a modo de cárteles: grupos de trabajo de cuatro o más personas, incluyendo la figura del más uno.
