Emilio Gómez Barroso

- Dos pulsiones sobre el deseo
- Reflexiones sobre la incorporación
- La guerra y el horror
- El capitalista que soy
Se dice que de esas cuatro pulsiones que se rescatan del delirio de Freud sobre el ser humano, dos tienen que ver con el goce y otras dos con el deseo. Es decir, de los agujeros del cuerpo la boca fagocita y el ano expulsa, si pensáramos que el ser humano sólo fuera un tubo digestivo esto sería suficiente, esa frase tan manida de ‘somos lo que comemos’ se quedaría ahí, en la gracia facultada de ver al ser humano como un tubo, como una anémona que se nutre mediante unos filamentos que salen del intestino para extraer de ahí la energía necesaria para la reproducción de su vida.
No obstante, la frase ‘comer por los ojos’ también nos pone en guardia al señalar que el hombre no acaba ahí solamente, sino que también tiene otras formas de devoración, es decir, de gozar e ir más allá de la satisfacción, y para frenar la devoración usa su boca no solamente para comer, sino para emitir sonidos que escucha y así troca el hambre por lenguaje, contaminando también así la necesidad, transformándola en demanda, cultura y rizo.

«Comer y ser comido» de Matías Bruera es una obra filosófica que explora la relación entre la alimentación y la depredación, para desafiar las nociones culturales sobre el acto de comer.
Él desarrolla en ese libro la noción de incorporación, no dejando solamente el alimento en el lugar de satisfacción, sino mostrando que hay algo más que se incorpora en el acto de comer.
Es interesante rescatar lo que le llevó a desarrollar dicha tesis novedosa para el ámbito del pensamiento actual.
Fue uno más de los experimentos del neoliberalismo en Argentina.
Después de un tiempo de equiparación dólar=peso, asumido por el Estado en la época de Menem, se les hizo creer a todos los argentinos que su poder adquisitivo era el mismo que el de un estadounidense de clase media-alta. Todo argentino viajaba y consumía cualquier producto exterior. El Estado privatizaba compañías estatales a cualquier postor por precios bastantes irrisorios. La velocidad de desmembración del Estado fue plasmada por Pino Solanas en ‘memoria del saqueo’:
De súbito, cuando el Estado ya no podía aguantar más la operación ficticia de equiparación de la economía, el cambio quedó libre produciéndose una hiperinflación, la igualdad pasó a ser desigual, multiplicándose por mil, el valor de los alimentos, algo tan básico como la comida pasó a no poder pagarse, y el dinero a no poder imprimirse. La necesidad de intercambio llegó a fabricar moneda que antes no existía, y a ser aceptada para no detener los modos de vida. La circulación de moneda se diversificó y algunas provincias emitieron su moneda para tener un valor de referencia.
De súbito en San Luis, una provincia productora de carne, morían de inanición 13 niños en una escuela pública. Las vacas tenían alas dirigidas a los mercados exteriores y a mesas más sofisticadas.
Bruera entendió, en un momento que él describe como de estupefacción, algo de este fenómeno de la incorporación, que él nombra con este reverso moebiano ‘comer y ser comido’. Sacaba su basura y se abalanzaban sobre ella varias personas para abrir la bolsa y devorar su contenido.
Aparece en su mirada en ese momento la necesidad de escribir para comprender algo de la caída súbita hacia el acto de devoración en todos los sentidos, devorar el resto, devoración de otros, devoración de sí mismo. El crepúsculo no coincidía con el descanso del día, sino con la pregunta abierta ‘aquí nunca se descansa’.
- Todo acto de fagocitación es un acto caníbal. Un hombre se como a otro, el pez grande se come al chico.
- La civilización ‘das Kultur’ disfraza y tamiza ese acto para disimularlo y convertirlo en acto etiquetado. Ese vestigio reaparece en la eucaristía cristiana donde se come el cuerpo de Cristo y, aunque se ingiera una oblea de trigo, un cristiano no lo duda: se come el cuerpo de Cristo, señalando un canibalismo salvífico.

- ¿Cómo explicar esta ceguera hacia el acto de comer de diferente manera? Mediante ese sujeto esférico de Sloterdijk, donde ya se asume que los nichos que ocupamos son como esferas de confort que han sido cinceladas por la cultura, para así impedir que percibamos el espacio exterior tan diferente al nuestro. Si hay de aquél alguna evocación es porque cada esfera porta una ventana que permite la mirada hacia el espacio exterior sin ser esta una puerta de salida o paso, sino un resguardo de la voracidad.
- A eso es a lo que llama Bruera incorporación, sin embargo, agrega que lo último que se incorpora a esa esfera de percepción es lo que está a los pies. Añadiendo el corte del plano donde uno se sostiene su estatus. Otro éxito de la civilización ‘das Kultur’ es haber cambiado de plano el árbol, de la verticalidad se pasa a la horizontalidad, representando el corte que separa también significante/significado o sentido/significación.
Bruera dice que la cena ‘buñueliana’ le ha mostrado cómo es el asunto. Ese discreto encanto de la devoración, donde nadie puede irse a ninguna parte porque el sentido de estar ahí no es comer sino la pertenencia a ese modo de creer en la devoración del mundo, en la devoración de los manjares, y en que la salida de la cornucopia representa también el infortunio posible.
No deja de ser extraño, por otra parte, que todo se juegue en una distancia suficiente y, aunque esa distancia sea muy próxima también puede ser insalvable, pues ya representa el sumidero de lo ingerido y, seguramente, nadie quiera revolver en su mierda, aunque sea propia.
Pero el sumidero también representa a la civilización, son los restos del origen, y también lo que olvida en su digestión. Es por eso por lo que Lacan señala el malestar en la civilización como un desembridaje de lo antiguo.
José León Slimobich (psicoanalista de la EAP y activista) decía que, de esas dos pulsiones que tienen que ver con el deseo, la voz acerca y la mirada aleja, ¿el qué?, al semejante. La voz hace coro y acompaña y la mirada hace distancia y apariencia, la imagen que creo ver es la misma que la que necesito sentir. Aunque también uno se fascine con la hermosura, como dice Eugenio Mandrini en uno de sus microrrelatos:
Un perfeccionista dijo:
- A mi lo que más me molesta es parpadear, porque me interrumpe el vuelo de los pájaros, y estos se quedan como truncos.
Otro aún más perfeccionista contestó:
- ¿Probó cerrar los ojos?, se los ve enteros.
El sueño recupera esa parte del olvido de ese fragmento sin aún significación, allí se ve entero eso que estaba truncado, siempre es mejor un fragmento de aroma, que aspirar a tenerlo todo sin poder disfrutarlo.
La distancia es la condición suficiente para eliminar la repetición del grito del otro devorado. Bruera sigue diciendo que, si los filósofos no escribieron más sobre el comer era porque ya era algo que se había introducido en el propio cuerpo, y eso ya no se podía pensar.
No presentaba la suficiente distancia.
El juicio en mucha medida es escópico, es juicio de mirada. Se me ha perdido de vista un artículo de Pedro Muerza Chocarro (Psicoanalista de la EAP) donde plasmaba muy bien la voracidad de la mirada poniendo como ejemplo la pérdida de juicio de los sintecho. Esa pobreza vista es separada con un juicio cruel, jamás hay un contacto con cualquier sentimiento de compasión, jamás se puede sentar a la mesa a un pobre en las mismas condiciones de juicio; si su fagocitación se vuelve elección, si el pobre tiene la posibilidad de elegir el vino, le retiro mi misericordia, pues ya se empieza a parecer demasiado a mí.
Es por eso también, que esa ausencia de resguardo ante la mirada también vuelve loco al que no se puede refugiar, grita más de la cuenta y, sobre todo, no agradece lo suficiente, no se postra a nuestros pies, sino que contamina el horizonte de un ideal de comodidad burguesa.
La distancia y el disfraz muchas veces han marcado el progreso de las civilizaciones, incluso en la guerra el progreso implica el alejamiento del daño y del sentimiento de compasión, así uno no se tendría que ocupar de reconstrucciones incómodas del lugar del otro y su violentada ausencia. Antes, mucho antes, se construyó la distancia de ataque, estableciendo una distancia de defensa sin daño, incluso se busca la indemnidad moral por el daño infligido al otro. El horno del ‘lager’ representa una eliminación del campo de la visión del dolor y la pregunta por la crueldad. Es importante mantener la moral intacta.
Hay una serie de recién aparición y de lata agonía que domina el horizonte político sobre la impiedad y la depredación del otro extraño, hay una política de eliminación de las diferencias y del aprovechamiento de la ventaja que representa una vuelta más de tuerca.
Enésimo experimento de laboratorio del gran capital con otras alianzas.
Tecno/feudalismo, aceleracionismo, anarco/liberalismo, depredación racial adventista.
Raquel Gutiérrez Aguilar (filósofa mexicana, activista) alerta sobre la ocupación del discurso político estadounidense por facciones del capitalismo contrarias, según ella, a la reproducción de la vida. Si observamos esto con el estroboscopio marxista, cuando en los orígenes del capitalismo aparece la dialéctica entre los medios de producción y los propietarios de la mano de obra, casi de inspiración romántica, los nuevos depredadores del capital se han dado cuenta de que ya no necesitan de la reproducción de las fuerzas de producción. Despiadados, le condenan ya al último nicho de la alimentación, el aporte calórico sin ninguna perspectiva de salud futura.
Si el sujeto de las esferas de Sloterdijk es el sujeto del confort, el sujeto confortable alejado del dolor, el sujeto del nuevo aceleracionismo es un sujeto egoísta que ya no cree en el Estado, ni en la amortiguación paternalista, apoyado por las tecnológicas, la vida y la influencia se tornan distantes. Los pocos impuestos se pagan en paraísos fiscales, y el límite de la asfixia ecológica se ha colgado de la mística del arrebato, del carro de fuego, de la nave espacial que nos va a llevar a otra burbuja más confortable, aunque posiblemente más solitaria.
El espectáculo producido por la imposición de ese nuevo orden mundial, captador de todas las energías, es soportado mediante una esperanza ‘la llegada del Espíritu Exacto’ que, por supuesto, es una paloma ‘blanca’.

