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IA/goce/caja negra

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Apéndice

prudencia

Hace tiempo, cuando apareció la posibilidad de dar vía libre a la IA, (inteligencia artificial) hubo un grupo amplio de científicos, matemáticos, expertos en lenguaje y otros intelectuales que reclamaban una moratoria para su desarrollo. Esta propuesta se tildó otra vez con el manido miedo a lo nuevo, toda vez que tradicionalmente la mentalidad científica llama a la prudencia. Cuando se han introducido en su seno novedades significativas la ciencia siempre ha reclamado un uso más o menos consecuente, aunque los cambios de paradigma se dieran de manera anárquica y en el pasaje al acto coinciden casi siempre intereses espúreos.

Así con el descubrimiento de la energía atómica se reclamaba un uso para el bienestar humano, aunque, como sucedió, se le diera otro más aniquilador.

En la actualidad han crecido de la mano el desarrollo y el uso sin control de las llamadas IA, y todo el mundo habla de ello con un efecto bastante vírico.

Hay algo soslayado de la mirada prudente del científico, que se ha traducido en el ahorro de cierta burocracia ética.

Estas pseudo inteligencias se utilizan para resolver problemas de ligazón y desarrollo reduciendo al mínimo el proceso de tejido textual, se forman para ello nuevos lenguajes que atajan demasiado rápido el campo de la duda.

memoria canalla

Cada vez son más reconocibles las  intervenciones, escrituras e imágenes mediatizadas por la IA; basadas en estadísticas y datos recogidos que usan para resolver problemas que se plantean siempre de la misma forma, métodos solventes para pruebas homogéneas, su problema siempre es el desvío. Es decir, para algunos expertos, que es diferente a los divulgadores, estas IA no son inteligencias, sino métodos de aprendizaje de resolución de problemas, que se surten de datos y de materias similares repetidas hasta la saciedad,  no pueden variar su estructura y mucho menos desviar una función, pues para ello sería necesario cierto olvido, se comportan como un área restringida de una lengua. 

Funcionan como cajas negras, que son muy diferentes a procesos de razonamiento.

Lo que ha sorprendido al campo científico es el feedback entre el uso y el aporte al motor desde el uso, es decir, que estás aplicaciones se hayan alimentado de manera muy acelerada de sus usuarios, generando así una especie de dependencia simbiótica. Se ha descubierto a raíz de ello que aportan una sensación de completud a cualquier quehacer humano habiendo ya penetrado en el campo ontológico ‘la red es el ser anticipado’.

Mientras su uso ha permanecido en el campo de lo civil, solamente inquietaba su dependencia cotidiana. Las alarmas han saltado cuando las grandes compañías se han aliado con las fantasías intervencionistas de líderes políticos que han dado un paso más en el desvío de la geopolítica mundial. Ha bastado que haya  tres o cuatro líderes para llevar a cabo estos ensayos, y la débil resistencia social  es a todas luces impotente para detener semejante deriva.

religión, silicona, castigo

Esas empresas son como sociedades secretas. Lo más oculto de ellas son los algoritmos de decisión. Incluso cuando son condenados, como en el caso de Google, lo último que entregan es el algoritmo que posibilita su funcionamiento, éste  es prácticamente una máquina sólo conocida por íntimos, un artilugio, pero no  cualquier artilugio, sino una caja negra que, como ya se sabe, solo se abre en caso de muerte.

Ha bastado que  Silicon Valley formase una sección de poder oscuro: ‘Palantir’, que traspasara el uso civil decidiendo ya el objetivo donde el cañón ponía la bala, con volcado de datos al par lógico guerra/paz, para que, desde ese software colonizado por mentes tecno-fascistas, fuera trazando el color de la diana.

IA, cuando escuchamos el término bomba inteligente, como mínimo nos aparecen interferencias en la pantalla, ¿puede ser inteligente la destrucción? El lenguaje ha transformado este adjetivo calificativo en un objeto de una categoría sustantiva.

La mentalidad exitosa de estos influenciadores les hace dudar poco, apenas se detienen en el duelo por el error, no son científicos, sino canallas que no les cabe ninguna duda en serlo.

La cartografía trazada al servicio de localización de objetivos ya está generando (la sensación)  una vigilancia total y la desconfianza de que cada uno porte sensores que puedan ser activados en cualquier momento. La impresión es que el mapa es más determinante que el territorio.

como contrapunto:

Sin mapas | Videoclip Artístico 4K

Lo maquínico se une al desprecio por cierta vida, odio y exterminio aparecen ya consustanciales desde esa mirada hegemónica.

Estas tecnologías, automatizadas y publicitadas, aman la guerra, e intentan imponer una lógica única a pequeña y gran escala. Fueron pensadas como mecanismos de control, por ello se basan en el uso de nuestros datos en esta especie de capitalismo de vigilancia, que hoy parece el capital capaz de absorber más inversión. Estos mecanismos de espionaje doméstico, que forman parte de nuestra vida cotidiana, se aplican a gran escala y así con un dron se puede dirigir la destrucción en Gaza.

El modus operandi de estas empresas es sostenido por CEOs e influencers, meros propagadores de bulos no del todo comprobados, pero que procuran y alientan al consumo provisorio para el control postrero. En muchos Estados se adquirieron dichas aplicaciones para organizar servicios de inteligencia o gestión de instituciones,  generando con ello una dependencia orgánica muy similar al espionaje aceptado gratamente. Como en 1984 la distopía  se ha vuelto generalizada, pues se propaga la idea de que el mundo es peor sin un Gran Hermano.

posología del miedo

El miedo del campo científico era que estas tendencias se instrumentalizaran y se convirtieran en objetos de uso inevitable y cotidiano, tal como sucede, sin vectores racionales que las contuvieran. La apuesta de muchas potencias por dominarlo toma la misma forma que la carrera espacial, no se sabe qué se conquista, pero todo el mundo lucha por ser el primero en hacerlo, una búsqueda de la supremacía que otorga cierto privilegio de dominio.

Hace tiempo que se captaba lo acéfalo del asunto, lo acéfalo de estos destinos tan funestos. Han tenido que aparecer numerosos textos que llamaran la atención sobre el nuevo soporte moral e ideológico que se prestaba a las tecnociencias. Lo llamativo del asunto es que antes de las aplicaciones humanitarias,  los big data hayan vendido como la espuma, identidades y usos destructivos, y que ello haya calado tan rápido en las nuevas generaciones, con esa forma involucionista (recorte de libertades, banalización de la palabra, derivas de odio y una reducción del deseo al dato de éxito o fracaso).

El descubrimiento freudiano, continuado por Lacan, nos mostró la ausencia de un objeto complementario, y en su lugar ubicó este objeto ausente, llamado objeto a. Objeto vacío, lugar captador de la atención, de un valor inconmensurable, de donde obtenemos una satisfacción paradójica  llamada goce, que nos empuja detrás de una ilusión de completud imposible de alcanzar, donde  rige también la función de la prisa.

Estas des-inteligencias artificiales, funcionan como el goce, – reservorio no absorbido por la descarga del placer- casi de manera autónoma, llevado adelante por una matemática asintótica que coloniza nuestra subjetividad. Miguel Benasayag se pregunta si la máquina piensa. Una pregunta que no es nueva, pero que sin embargo nos lleva a la posibilidad de puesta en marcha  independizada de la decisión corporal,  respondiendo a objetivos concretos desligados del aparato funcional. Como si fuera un órgano autónomo del cuerpo viviente.

El inconsciente está estructurado como un lenguaje pero, ¿qué de inconsciente tienen estos lenguajes?

habitar lo sorprendente

Analizar el lenguaje no es fácil, ya que las nuestras son lenguas flexivas, que permiten hallazgos y giros  sorprendentes, aunque la función de la sorpresa sea más bien evanescente, no por ello son menos necesarias para el destino humano.

Es el caso de las palabras ‘maleta’, a las que se refiere Lewis Carroll a través del personaje Humpty Dumpty. Para los lenguajes informáticos resultan nefastas pues son palabras casuales y absurdas, compuestas por dos términos que se unen dando un nuevo sentido que extravía y abre el hilo narrativo.

Conforman en ocasiones neologismos  muy utilizados como motel (motor+hotel), mostramos a continuación algunos ejemplos de hilaridad casual pero pueden muy bien formar parte del desilusionado argot social:

Neción.- País de gilipollas.

Demoño.- Diablo, espíritu del mal, con el pelo recogido en la parte posterior de la cabeza.

Virgilante.- Persona que está despierta o vela para no perder su virginidad en un descuido.

Pillonario.- Que se ha hecho rico y acaudalado con el pillaje.

Estos son una pequeña muestra de lo  problemático para el lenguaje máquina pues son palabras que avanzan en cualquier dirección, y sacan al que las habita del sentido común.

Podemos añadir otra más:

Maquinhom.- Hombre sin temperatura ni nervios que hace todo lo que se le dice.

Cuestionan el campo lógico porque producen algo que escapa al binarismo, emoción, estupor…

Cuando Lacan introduce el término ‘hommelle’ (mal traducido hombre-ella, aludiendo claramente a la tortilla), no es solamente que deshaga la bipolaridad hombre/mujer sino que alude a un campo de soledad donde para sostenerse tanto la parte macho como la parte hembra busca el suplemento de su goce, es decir gozar del otro en el nuevo ser.

El problema del lenguaje no solamente es que se hable, sino que también se goza de él, somos jugados en el Otro del lenguaje, pudiendo acabar en una dirección no deseada y no en la otra más segura, pero no por ello menos equivocada.

La carrera de la IA lleva más de 70 años con nosotros, la elección del término proviene seguramente de una especie de euforia original entre la comunidad cibernética, ¡por fin estaban menos solos!.

La estructura de las IA se resume en este esquema:

input- algoritmo- output

Ahora bien, en el elemento que media entre la entrada y la salida, la caja negra, está el enlace que procura una solución, y también el laberinto. Una paradoja donde la rata queda atrapada dando vueltas, y es allí donde los ingenieros,  de estas corporaciones, han descubierto que no sólo se trata de comportamiento sino también de clientelismo y direccionalidad, hacia su propia voluntad neurótica, amenazada por lo policromático y multicultural y no binario. Hay que hacer adictos para ganar adeptos.

El adicto es a la necesidad de consumo, el adepto es el propagador de esas vías como únicas.

Todo esto evoca demasiado a la política de las farmacológicas, primero se localiza un sufrimiento, que a veces es solo fatiga o trabajo, después se lo aligera bloqueando las partes que desalientan, y luego el problema se cronifica volviéndolo mal menor.

Con el uso destructivo de la energía atómica sucedió esto: Eisenhower sabía muy bien que acabando la guerra de esa manera se ponía en riesgo extremo la propia democracia. Se ahorraron palabras yendo directamente a cercenar el mal ejemplo mediante un castigo desmesurado,  acorde con el dios volcánico, el monte Sinaí, las tablas de la ley y un pasajero clandestino, último añadido a raíz del hecho de gran destrucción que se produjo con las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, la puesta en marcha del reloj del apocalipsis.

trampa de la libertad de goce

Hemos caído en la cuenta de que nuestras sociedades se van volviendo menos autónomas. La ilusión democrática, basada en la desigualdad,  se va sustituyendo por la propuesta de un mal menor, ser gobernados por empresas privadas. Sus propuestas son ilusionarnos con la posibilidad de sutura de cualquier falta. Propuesta de completud difícil de rechazar, pese a que los espejismos no se sostienen en el tiempo y nos deja sumidos en un sistema de convivencia común frágil, porque  erosiona los lazos sociales.

Las mejores intenciones coinciden con los peores resultados.

La fascinación por la jerarquía de los elegidos, la excelencia y la eliminación de la mediocridad, se presentan con un valor fálico que apunta a la completud imposible, eludiendo la castración, humanizadora. Sin embargo, ese juego entre el goce y  la castración es necesario para que aparezca el pasaje  al valor. Es decir que es necesaria la castración para llegar a la utilidad.

Lacan incluso llama al goce, goce adulterado. El apasionamiento político que permite el goce puro se está vendiendo como algo inevitable, pero aparte del grito ¿qué se regala?, tal vez una especie de consistencia vacía que nos diferencia de un vecino demasiado parecido en el flujo sanguíneo.

Ángel González decía con ironía: ‘La historia es como la morcilla de mi pueblo: las dos se hacen con sangre y repiten’.

El fantasma contemporáneo se juega en la formulación velada:

Ciencia no ficción o ficción y no yoísmo.

Pasión por la ignorancia.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Mariano de Hossorno

    Muy interesante. Pero la inteligencia de siempre ha sido un artificio: aquello que nos desigualaba con una fórmula viciada: lo que nos hace mejores a unos, al tiempo hace peores a los otros. Este es el fundamento que dio lugar a la propiedad que enseguida captó la inteligencia y ha venido desarrollando desde entonces hasta el día en que la inteligencia puede objetualizarse en la máquina de mi exclusiva propiedad. Mucho me temo que mantener semejante status esté detrás de la petición del control de la IA. Deberíamos dejar que se desarrollé y expanda hasta convertirse en el caos que acabe, por fin, con esta maldita civilización que hemos creado inteligentemente, pues mientras haya un humano/a dirigiendo esta cosa, el apocalipsis no es un recurso si no una necesidad. La idea de un dios omnisciente parece al fin posible, desgraciadamente a imagen y semejanza nuestra.

  2. Mariano de Hossorno

    Pero la inteligencia de siempre ha sido un artificio: aquello que nos desigualaba con una fórmula viciada: lo que nos hace mejores a unos, al tiempo hace peores a los otros. Este es el fundamento que dio lugar a la propiedad que enseguida captó la inteligencia y ha venido desarrollando desde entonces hasta el día en que la inteligencia puede objetualizarse en la máquina de mi exclusiva propiedad. Mucho me temo que mantener semejante status esté detrás de la petición del control de la IA. Deberíamos dejar que se desarrollé y expanda hasta convertirse en el caos que acabe, por fin, con esta maldita civilización que hemos creado inteligentemente, pues mientras haya un humano/a dirigiendo esta cosa, el apocalipsis no es un recurso si no una necesidad. La idea de un dios omnisciente parece al fin posible, desgraciadamente a imagen y semejanza nuestra.

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