En este momento estás viendo Rivalidad y Reparto

Rivalidad y Reparto

Andrea Urdiales

Una de las cuestiones que más nos pueden conmover en la actualidad es lo que sucede con el Bien. Es difícil llegar al fondo de la cuestión sin, de alguna forma, hacer cierto seguimiento de sus metáforas. Primero la religión nos pone en la línea de salida, Dios es la infinita bondad, el hombre ha de aspirar a hacer el Bien, amar a su prójimo como a él mismo, pero por ende siempre sucede un reparto, si yo reparto mi bien, lo reparto conforme a los merecimientos de cada cual. A imagen y semejanza como propone la religión, que en estos tiempos se expande por doquier. Incluso repartiendo la mitad de mi bien ¿qué es lo que el otro recibe?

Lacan toma la metáfora de la capa de San Martín de Tours que parte por la mitad su capa para entregársela a un mendigo, para inmediatamente después separar esta cuestión, tal vez el mendigo no quiera que San Martín le dé la mitad de su abrigo, sino que San Martín lo ame, y eso es harina de otro costal.

¿Quién realiza el reparto del Bien y de qué manera sucede?

En mi práctica con pacientes recibo consultas de padres por sus hijos, niños, niñas, púberes, adolescentes. Sabemos que en torno al concepto de rivalidad transcurren un universo de pasiones entre las imágenes y reciprocidades de los yoes en cuestión, a saber, celos, envidia, rivalidad, competencia. Pero en la actualidad, con el corrimiento de la autoridad parental se da una particular combinación entre la provocación y un aceleramiento hacia el narcisismo suturado con otros elementos que suplen la ausencia paterna, objetos técnicos o reflejos del mercado, que promueven un mecanismo de disociación, Franco Bifo Berardi en el libro Segunda Venida (Caja Negra, 2021)  ubica un cerebro automatizado y un cuerpo demente por la separación del cuerpo viviente,  una demencia del cuerpo social. Un reflejo de esto en el lenguaje es una expresión coloquial muy usada en Argentina actualmente: finjamos demencia.

Ahora bien, y esta es la segunda deriva del Bien, los bienes que circulan proporcionan material para un reparto, proponiéndose como valores de uso y a su tiempo también reserva de necesidades; es alrededor de este paño que se van a organizar las demandas de los seres humanos respecto a lo útil y al dominio del bien. Este es un planteo que hace Lacan en el Seminario La Ética, cuando afirma que disponer de esos bienes aparece también como el derecho de privar a otros de ellos.  

El problema es el reparto, quién y cómo reparte, aparte de la apropiación original de los canales.

Quisiera compartir dos relatos clínicos.

El primero se trata de una niña de 10 años, que relata en la consulta, respecto de la dinámica escolar,  no me gusta lo que hace M ella lleva al recreo una pelota y le pone precio $1000 por persona, si no pagás no jugás, respecto a ello luego dice: No entiendo por qué lo hace, No creo que no tenga plata, viaja todo el tiempo, va a recitales. Frente al interrogante de la niña, se ubica que se trata de establecer un poder,  un dominio donde quien posee la pelota reparte el juego y se queda con las ganancias.

En un segundo relato una niña dice:  a L la raptan se la llevan de un lugar para otro, la acaparan, no la sueltan, esa chica la está pasando muy mal no sé qué hacer para ayudarla porque sufre y llora. La analista propone que pareciera que es un premio,  un trofeo a lo cual la niña responde, quieren ser rubias como ella y tener ojos azules, no dejan de mirarla. Así lo que se presenta es este elemento fascinante que encandila y produce un juego donde se muestra una alienación interminable del par inclusión-exclusión, me elige y luego me elimina me dice que sí y luego me descarta, presencia y ausencia como marca del deseo. Es muy interesante observar que en estos intercambios infantiles se produce la actualización de lo que sucede en el mundo, la alienación a una imagen pregnante que quiere consumirla. Me parece interesante tomar la referencia al mito de Plutón y Proserpina,  donde se narra un secuestro, el rapto de Proserpina, hija de Zeus y Ceres, que al no llegar a rescatarla, envía una gran maldición para que la tierra se seque y se pierdan las cosechas. Esto provocó el primer invierno, donde las plantas se secaron y nada crecía.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, donde cada vez más se intenta capturar la mirada, y producir adicciones que mantengan esa dependencia. Esos elementos fascinantes, muchas veces son pequeñas participaciones en la violencia descarnada que se propone como un juego.

A veces el analista simplemente es testigo de ese vínculo entre lo social y lo individual, donde se da la posibilidad de hacer con lo íntimo para así dejar caer en la adaptación o en la funcionalidad a los pacientes. En una cita del libro ‘La lectura en la palabra’, de reciente publicación, José Slimobich señala que el analista muchas veces intenta cumplir la función de anclaje, para amarrar una significación que evite el desborde, porque nuestro psicoanálisis no da consejos sino articula cuáles son los modos de goce en los que se ancla o se desata el sujeto y  en esto Lacan fue categórico:  el psicoanálisis no puede participar de las trampas de la burguesía,  la inscripción de clase,  los valores de clase,  son los modos relevantes en los que se ancla al sujeto. En ambas viñetas se pone en jaque la posición desde donde estas niñas hablan, el lugar de enunciación donde se encarna este amo que dirige la rivalidad y el reparto.  El sujeto trae la época.

Tomando el texto propuesto de Giorgio Agamben,  Felicidad y Magia,  podemos hacer un contrapunto, muy interesante,  porque en ambas viñetas estas niñas que aparentemente juegan,  lo hacen desde ese lugar desde el cual producen un comercio entre las partes,  dividen los bienes,  no juegan en un sentido mágico abriendo la puerta de lo simbólico. Vemos que actualmente muchos de ellos son incapaces de jugar, de hacer magia.

Es en los juegos infantiles donde vemos que el lenguaje se pone a jugar, en los personajes que hablan, inventan una lengua secreta, allí son felices, es el país de los magos donde valen los gestos las risas y eso que se escapa entre los dedos. Vemos cada vez con más frecuencia que niños y niñas a muy corta edad hacen del juego una especie de convertibilidad que suena demasiado a mercado donde del valor de uso se transforma ya en valor de cambio.

Es necesario volver al Seminario de La Ética, donde Lacan dice que no reprocha a esa tradición hedonista, diríamos de individualismo, los beneficios del placer, pero oculta esa distancia del goce, y allí radica su estafa. No trata el mal sino sólo apunta al bien, como si ello fuera posible y en ese sentido propone una domesticación que a poco de andar fracasa.

El sentido común solo empuja a producir y necesitamos no quedar captados en esta maquinaria infernal del discurso amo, teniendo en cuenta que el psicoanálisis es el reverso del discurso amo y como bien señala Pedro Muerza nos proponemos recuperar la palabra, y un decir para ver donde ese decir nos lleva,  para  dar oportunidad a la palabra que consideramos es el lugar del psicoanálisis en la subjetividad contemporánea.

Deja una respuesta