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Arde

Ignis=del latín fuego/ignorantia= de un latín evidente

Imagen: Pedro Gómez (Salamanca)

Una de las cuestiones que hacen que el ser humano sienta una especie de malestar en la civilización es el desbridamiento del lazo antiguo producido por el avance de los goces en los modos de vivir. ‘Das trieb’, la pulsión freudiana, yerra siempre su satisfacción, dando un rodeo continuo con respecto al objeto indicado para calmarla. De esta manera Freud distingue lo que siente el ser humano frente al objeto que el animal percibe de manera directa, lo pulsional se despega del hambre pura. El animal recibe y reacciona a señales inequívocas cuando tiene hambre o huele su presa a distancia, iniciando la carrera para cazarla que concluye en el acto de comer, así no es lo mismo eso que la pulsión fagocitante, ni tampoco lo que se mira que lo que se ve.


El hombre es colonizado por la cultura, y también alejado de la naturaleza a medida que se yergue en mantener una relación mítica con el placer. Lo viviente no se confunde con el cuerpo en psicoanálisis, el organismo es dado, pero el cuerpo es un efecto del lenguaje que lo parasita, lo marca y lo mortifica


Así se antoja difícil, a estas alturas del campeonato, contraponer la vida agraria o la vida agrícola a la vida urbana, una no es menos natural que la otra, ya que las dos han sido colonizadas por el mismo campo de ignorancia, la conquista cultural del placer y la relación con el exceso.


La vida rural depende muchas veces de las condiciones meteorológicas y de los ciclos estacionales, tradicionalmente la mirada del campesino sobre la naturaleza estaba poblada de lecturas que sorprendían a cualquier urbanita. Se leía, en las nubes, se leía en el vuelo de los pájaros, en la distancia del calendario, en las octavas reales y en las estrellas.


Sin embargo, ese habitante intuitivo que no se había movido de su tierra ha cambiado. También en las parcelas rurales se ha instalado desde hace mucho el agronegocio. En España, por ejemplo, se ha multiplicado por veinte la producción de carne en las explotaciones ganaderas, con el consiguiente aumento de recursos utilizados. Esas explotaciones son controladas desde centros observacionales que detectan las carencias o las necesidades, están cada vez más robotizadas,y no reciben ninguna atención presencial, han eliminado esa mirada intuitiva, el saber proveniente del trabajo directo con la tierra, no relacionado ya con el respeto a la tierra porque responde a otros fines. Las grandes extensiones agrícolas buscan el máximo rendimiento, se someten así al tratamiento de optimización de semillas, a los monocultivos más rentables para la exportación y a la eliminación de la competencia vegetal, con la consiguiente pauperización de minerales y sustancias nutritivas de una tierra cada vez más dependiente del cálculo del laboratorio. La situación en la región americana es aún más intensa, ya que no solo se disputa el patentamiento de semillas por parte de las corporaciones, sino que la población de polinizadores, como las abejas se ve cada vez más mermada, provocando un empobrecimiento de la vida natural a la par que un aumento de rentabilidad por el forzamiento de la producción.


Los parámetros que se vigilan son los necesarios para el beneficio


Hace tiempo ya que se declaró la rotación de los cultivos y el barbecho como poco rentables a la hora de producir alimentos. Las amenazas lamarkianas ‘los alimentos crecen de manera aritmética, las poblaciones de manera geométrica’ han calado hasta las entrañas en el nerviosismo rural, declarando el cuerpo sutil del manto vegetal enemigo de la supervivencia humana, pero añadiendo un problema más, la desertificación y los éxodos ambientales, enmarcados en una especie de desprecio por la más que comprobada comunicación vegetal e ignorando el aumento significativo de enfermedades concomitantes al uso de venenos, así lo certifican desde la academia y lo padecen quienes habitan el mundo rural.


Nuestra civilización ha producido por primera vez cambios ambientales a gran escala negados desde ciertos sectores políticos en connivencia con la tecnociencia.

Abramos el espectro


Marx describió la acumulación originaria como el origen «oculto» del capitalismo: depredación, rapiña, saqueo de tierras, de materias primas, de riquezas acumuladas por otras civilizaciones, apropiación de los cuerpos de campesinos, mujeres y niños en Europa, y la colonización de los cuerpos «indígenas» en el resto del mundo.


Cada vez que el Estado avanza con una regulación de tierras, se ignora a los pueblos que las habitan históricamente. Por ende el territorio se confisca con escrituras, que devalúan la propiedad ancestral, indiferentes al canto y a la fe en la protección de la tierra como proveedora.


En relación al medio rural, la acumulación históricamente ligada a la producción, incluye entre sus elementos preponderantes la especulación financiera, ya que el valor de la materia prima se fija en la bolsa de Wall Street. Tanto es así que el agua también ha adquirido su cotización. El sistema privilegia la acumulación de capital, es decir, la masa monetaria. Debido a las sucesivas crisis y a las necesidades financieras de los Estados, la deuda se ha ido acumulando de manera progresiva. Según David Harvey(1), en el 2010 la masa monetaria mundial era cinco veces menor que la actual, con lo cual el capital acumulado, a medida que avanza la robotización y la aceleración de los procesos, requiere menos mano de obra, a la vez que los Estados promueven los campos de negocios que les exige el capital concentrado. Su contracara es que la deuda se soporta y se distribuye entre las masas poblacionales, más vulnerables, y encuentra un equivalente en el endeudamiento de las familias a causa de las políticas de ajuste, tal como se muestra en los países más empobrecidos por estas políticas.


Sin publicidad no hay paraiso


Es decir, el habitante contemporáneo del capitalismo es el consumidor, pero los productos que consume son los que conoce a través de la publicidad, y a medida que aumenta la necesidad de inversión es necesario construir una nueva demanda. Algo de esto se ha percibido, ‘sin publicidad no hay paraíso’, precisamente las big tech, las tecnológicas de comunicación y las farmacológicas han construido para su crecimiento un nuevo sujeto que se desliza más allá de la demanda, el adicto, un sujeto al que se le han arrebatado su propio goce sustituyéndolo por otro menos doloroso, pero ya libre de autocorrecciones o regulaciones propias. El goce singular se va orientando con las estrategias publicitarias hacia goces masivos que otorgan cierta pertenencia y la insatisfacción continuada, porque cada vez exige un poco más con la imposición de nuevas necesidades.


Somos ya sobradamente una sociedad adictiva, un ejemplo de ello es la cantidad de tiempo que dedicamos a las redes y a situarnos en los rankings publicitarios, mediante algoritmos marcadamente dirigidos.


Ahora bien, según Ramón L de Mántaras, la IA oculta que los procesos de pensamiento pueden ser intervenidos (lo que llamamos IA no deja de ser software), funcionan con algoritmos que captan los datos que entregamos voluntariamente con la manipulación que hacemos de las variadas plataformas y el scrolleo que favorece los procesos de captación maquinal que nos envuelve. Así queda restringida la voluntad a una escala siniestra. Una vuelta al maquiavelismo de logros donde los fines justifican cualquier medio.


La gran mentira de la Inteligencia Artificial 🤖 | 🎙️ Ramón L. de Mántaras – Podcast IA 🟣 – YouTube


Todo esto nos aboca a un capitalismo de datos, donde se construye la cifra que captura nuestros anhelos y deseos, que nos vende una certeza inalcanzable. “Las plataformas son como un mosquito en el verano. No van a parar hasta picarte a vos y a todos los que encuentre”, así lo señala la investigadora Cecilia Rikap(2).


Dicha arquitectura está articulada a la construcción de amenazas políticas a los modos de gozar, promoviendo la desconfianza hacia las y los más vulnerabilizados, pueblos originarios, migrantes, mujeres, y cualquier colectivo organizado que constituya una amenaza para la imposición de este modelo individualista.


Así se van construyendo consignas políticas de odio, que son edificadas por este llamado tecnofascismo, que capta el descontento social para transformarlo en mercancía al servicio de sus intereses. Ello llevó a recuperar el término “woke”, ligado a la conciencia social, y darle un sentido peyorativo, para promover la competencia, la desigualdad y la meritocracia en un sistema que se sostiene a fuerza de desigualdad.


Esta ideología des-igualitaria, promueve una sentimentalidad ligada a los valores conservadores, de la familia, el patriarcado y la extracción de ganancias a costa de cualquier forma de vida. La pulsión de muerte está en el centro de esta moralidad sin escrúpulos.


Nace así un nuevo lugar de oposición que se abraza al negacionismo como los incels (en oposición a la perspectiva de género) o los ‘agro’ (poseedores de la tierra y negadores del calentamiento por la explotación incesante). Pese a la banalización mediática que los magnates del mundo imponen frente a las amenazas del calentamiento global, nunca hemos estado tan cerca de la preocupación apocalíptica. Mientras la amenaza se va haciendo realidad para la mayor parte del mundo estas élites buscan escapar a la muerte, como si ello fuese posible. El sueño de la vida eterna, anhelo humano universal de alcanzar la inmortalidad o superar los límites biológicos de la muerte se intenta edificar sobre la destrucción que ellos mismos promueven.


El nuevo capitalismo big-tech tribillonario ha descubierto que la ignorancia y el odio son pasiones muy rentables, ya no hace falta depender para ello de las necesidades asistenciales de un Estado, pues ellos, de sobra, son más poderosos. Solamente generando las suficientes cajas negras bien dirigidas por CEO se produce la suficiente aceleración para la explotación a precios viles y hasta gratuitos de muchos recursos. Desde ese negacionismo se banalizan las ligazones simbólicas colectivas generando nuevas estéticas que corrigen las conquistadas, con viejas formas maquilladas, otra vez el caballo y el caballero, la adoración a la bandera vacía, la vuelta a la mujer voluptuosa y a los rasgos masculinos dominantes, y también la Pampa húmeda, del monocultivo, agro tóxica gozando de un valor exclusivo de la moneda dominante, obteniendo una ventaja previa en la economía directa del país.


El nuevo orden ignora deliberadamente todo este calentamiento, el fuego en las entrañas, el éxodo y el olvido, el empobrecimiento social, para continuar manteniendo y multiplicando, un paso más allá, la supremacía blanca sobre el desastre de los pueblos históricos.


La pobreza blanca y la pobreza negra sigue dividida bajo el neón ‘occidente sigue su camino al triunfo’.


Un guiño para la voz que queda en la orilla: Rubén Rada explica la diferencia entre Candombe y Candomblé | Encuentro en el Estudio | Encuentro

(1)geógrafo y teórico social marxista britanico
(2) investigadora argentina, jefa y profesora de Economía del Instituto de innovación y políticas públicas de la Universidad College London

CAJA NEGRA

Todo lo que ves o es
como la imaginación
se junta con total interferencia
Charly García

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