En este momento estás viendo La mirada constante

La mirada constante

24/7

Hay cuestiones que atañen a la mirada, como objeto pulsional, que se perciben cedidas hace mucho al lado más salvaje del mercado y que acorralan de forma muy directa a la libertad (no a la libertad de consumo o a la libertad de odio-bastante bien vendidas).

Rescatamos un texto escrito por Pedro Muerza en Letrahora, hace más de trece años, y que retorna con bastante actualidad. En él consideraba que una de las máximas agresiones a la libertad es la exposición perpetua a la mirada del otro, no poder quedar nunca a resguardo. Muerza describía la cuestión de los desahucios, desalojos,  como un atentado grave a la libertad, en tanto y en cuanto a quienes estaban  afectados quedaban, demasiado expuestos a la mirada del otro, por no tener un techo o pared donde guarecerse, no de la intemperie, sino de la reprobación perpetua,  sin ningún tipo de alteridad.  Pedro Muerza remarcaba la privación de intimidad, siguiendo a Gérard Wacjman, en su lectura estética de la mirada lacaniana.

El correr de los tiempos y el desarrollo salvaje de lo que se ha dado en llamar las redes sociales nos ha traído una exposición también singular, con los big data de la mano, capaces de construir una imagen fuerte con datos nuestros, lo cual suple de forma muy efectiva nuestra identidad; eso se vuelve imagen social, con el agravante de que no duerme ni se ausenta de la exposición pública, está ahí 24/7.

Se dice: ‘acercarse a las cosas con la mirada de un niño’ cuando apelamos a la capacidad de sorprenderse, a la ingenuidad, a la curiosidad con la que se acerca el niño a cualquier objeto (parece que eso no molesta) y es más bien necesario para restablecer las condiciones psicóticas del arte, la fragmentación de la realidad, que más tarde se unifica bajo ciertos criterios de racionalidad o moralidad. Picasso no dejaba de referirse a esa mirada, ‘tuve que aprender a pintar bien para después olvidarlo y pintar como un niño’, y no es retórica, basta ver los esbozos del ‘Guernica’ para darse cuenta de que después de la forma tomada vino el olvido, que es lo que quedó como definitivo en su decisión. El olvido y la negación de lo acontecido retorna bajo otras formas en la historia social.

Esa mirada que se constituye en el espejo, unifica ese cuerpo fragmentado del indefenso cachorro humano. Es el nacimiento de esa unidad que, como yo, surge al intercambio con el semejante. José Slimobich decía, que una vez que se forma el registro de lo imaginario pasa a ser más importante para el sujeto que el propio cuerpo de carne y hueso, abrochando la apuesta lacaniana ‘el cuerpo siempre es cuerpo imaginario’.

Así, no es extraño que la imagen social sea tan importante.

La mirada subjetiva, la mirada singular, se constituye con esa doble vertiente, no solamente la mirada es lo que veo a través de mis ventanas, sino también de qué manera creo ser visto.

Somos tomados por el capitalismo, de modo que a veces sentimos impotencia de no poder escapar de sus tentáculos, apareciéndose por momentos como el macarra abusón que siempre tiene la culpa de mucho y no protege de nada. Un sistema que requiere mucha luz las 24 horas del día, no permitiendo cerrar los ojos y mucho menos dormir, lo que produce la sensación continua de pérdida de realidad vivida, cómo si fuera un cierto adormecimiento.

‘24/7’ de Jonathan Crary (historiador del arte) es un ensayo, que arroja algo inquietante:

La disponibilidad total al funcionamiento continuo de los mercados y las redes de comunicación dominantes nos ha sumido en un tiempo sin tiempo.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos investiga desde hace años el comportamiento de los gorriones de corona blanca —una especie de aves de la costa atlántica que en los ciclos migratorios permanecen despiertas durante siete días sin perder el nivel de rendimiento— con el objetivo de crear un soldado igualmente insomne.

Si tomamos como cierto tal experimento la tendencia es desoladora. Todos somos en este momento indigentes con respecto al capitalismo de las grandes tecnológicas, todos dormimos sin techo bajo sus pretensiones.

Una de las cosas que preocupan a Wacjman, anteriormente nombrado, es quién se esconde detrás de esa mirada que destruye toda intimidad, si no está localizada su procedencia se vuelve inquietante, porque no sé bien quién me mira, ni ante quién me oculto. Esa sensación de ser mirado nunca nos abandona, venimos al mundo con una mirada que ya nos antecede, somos nombrados, mirados y proyectados.

Si tomamos el texto de Freud sobre ‘lo ominoso’ (Unheimlich),  término producido desde la negación de lo familiar,  indica que en principio coexistían los contrarios, aunque el primer término fuera lo ‘unheimlich’, la negación de lo familiar,  no se diferenciaban, estaban unidos, sin contradicción. Entonces ¿de dónde viene lo siniestro? De la sensación de que la repetición,  lo ‘dejá vu’,  se vuelva algo que observa mudo, esos ojos que miran escapados del rostro y guardan un silencio jurídico, que espera cualquier sentencia. El hombre de arena es una fantasía infantil encarnada en una mirada vidriosa que aparece después de la sensación extraña.

La normalidad no existe, de ahí que cada cual se constituya con una singular rareza, por ello no se trata de eliminar la desviación de lo normal, la psicosis es la garantía del arte, la neurosis de la socialización y la perversión garantía de la sexualidad.  La arquitectura, dice Wacjman, le da al hombre la posibilidad de la sombra y el secreto,  fundamental para la construcción de un lugar de goce con respecto al todo se ve.

Ocultarse para ver sin ser visto, es la introducción de la mirada en el juego de la perversión, es la sexualización de la mirada, es  la lógica del voyeur donde se manifiesta el sujeto del deseo. Sin muros, esto se vuelve difícil, en un mundo totalmente iluminado,  muere, y esa ausencia de alteridad se vuelve locura.

El amor se oculta en territorios de sombra, sin intimidad no hay amor, en el ‘todo ver’ se enturbia la mirada con respecto al otro. La pregunta es ¿si todo se da a ver, donde queda el deseo? Es como un continuo, donde el ojo no puede pestañear,  el ojo se seca y entonces se irrita.

Hoy sabemos que la inhibición social no solamente se produce por el uso de la fuerza monopolio del Estado llevada a cabo por las fuerzas de seguridad, sino por el grabado de imágenes que devienen de la protesta y las previas a cualquier tipo de manifestación. Política/policía,  son palabras derivadas de la polis griega, que se refiere a la pluralidad, de ahí proviene la palabra política, de ahí deriva la palabra policía.

Una vez que tuvo éxito el modelo de ciudad, en Atenas, Esparta, Tebas, se estableció un marco de convivencia. Sin embargo, siempre existió el miedo a que el otro me arrebate lo que tengo, y por ello lo protejo a veces con demasiado empeño.

El código napoleónico, el código civil del que derivan las constituciones de muchos países, parte de tres principios sagrados: libertad, igualdad, seguridad (no hermandad,eso es más difícil). El recelo a la mirada del otro, un mal de ojo que porta la envidia (invidia), hace que, en algún momento haya una excesiva protección hacia el bien, no tanto al bien común, como al bien del que me apropio, y que de alguna forma gobierna mi relación con el otro, con mi vecino.

Si tomamos a la policía como la mirada vigilante de la polis también hemos de preguntarnos a partir de qué momento en las ciudades se empezó a tomar como un atentado a la mirada los cristales rotos de un coche o a partir de qué momento se empezó a considerar el maltrato al mobiliario urbano como un atentado al orden, y no digamos nada de la pobreza durmiendo en las aceras.

Si la polis es un espacio de convivencia debería estar orientada a que sus habitantes se movieran adonde necesitaran para estabilizar mejor su residencia.

Las diferentes policías del espectro urbano se solapan en el prejuicio, mandato de Estado,  sea color,  aspecto o lugar de residencia en la misma ciudad. 

Abusando de la polis como banco de negocio, se podría definir una ciudad como un conglomerado no tribal de personas que promueve diferencias económicas tan grandes como las que hay entre Botswana y Estados Unidos. Había un boxeador que, tocado por tantos golpes en la cabeza no paraba de proferir sentencias. De procedencia humilde, una de las que repetía más a menudo era: ‘un hombre sin dinero es un bulto sospechoso’.

La simulación del aspecto, la mímesis, el engaño, el disfraz. Uno de los retos de la pintura es engañar al otro haciendo pasar representación por realidad, ha sido muy recurrida la fábula de Zeuxis y Parrahsios. Zeuxis pinta en un lienzo unas uvas capaces de engañar a los pájaros, y Parrahsios pinta un velo que Zeuxis intenta correr para ver qué hay detrás, la pintura es el mismo velo.

Desde las antiguas representaciones helénicas la intención de la puesta en escena es promover la catarsis ante los males colectivos y seducir el corazón de los plurihábitos de una ciudad, el relato se reta a sí mismo para captar la mayor atención posible sobre los problemas destacados.

Dar realismo al síntoma colectivo es también transformar o desviar su mirada hacia el lugar elegido.

Palpamos también día a día, que hay una mayor inhibición social hacia la respuesta ante la injusticia, la imágen devuelta, proviene de las redes sociales, donde se refleja nuestra imágen contemporánea, desde donde parece llegar una de las más importantes fuentes de reconocimiento y frustración que ha construido el sistema. Ya no necesitamos la vigilancia del Estado, porque somos nuestro propio verdugo. La imágen vuelve invertida como un espejismo del que parece no podemos escapar. Nos vamos convirtiendo en zombies que no podemos dejar de mirarnos como Narciso en el lago que está a punto de engullirle. 

La acepción de la realidad se ha vuelto pornográfica, el sensacionalismo ha cubierto los ojos con una realidad cruda, guerras televisadas que van insensibilizando cualquier alma. Esta tendencia pornográfica del reality-show sirve también a la mirada que se regodea viendo los rincones más ocultos de la intimidad donde el sujeto descompone su figura recreando el goce erótico del sacrificio.

De Parrahsios, considerado el pintor pornógrafo de la antigua Grecia, dice  Séneca el viejo en ‘controversias’:

... cuando Filipo vendió a los Olintios como prisioneros de guerra, Parrhasios de Éfeso, pintor ateniense, compró a uno de ellos que era ya viejo, lo hizo torturar a fin de poder pintar con este modelo un Prometeo clavado que los ciudadanos de Atenas le habían encomendado para el templo de Atenea.

  •  no estás lo bastante triste -dijo Parrhasios cuando hizo posar al viejo en medio de su taller-.

el pintor llamó a un esclavo y le pidió que lo torturase para que sufriera más.

Empezaron a torturar al viejo. Todo el mundo sentía piedad.

  •  lo he comprado -replicó el pintor-.

Clavaron sus manos. El hombre gritaba.

Los que rodeaban al pintor protestaron de nuevo

  • Es mío y lo poseo en virtud del derecho de guerra.

Entonces por un lado Parrhasius preparó sus polvos, sus colores, sus aceites, por el otro el verdugo preparó sus llamas, sus látigos, sus potros.

  •  Átalo agregó, quiero darle una expresión de sufrimiento

El viejo de Olinto lanzó un grito desgarrador. Al oír ese grito le preguntaron a Parrhasios si le gustaba la pintura o la tortura. No contestó. Empezó a gritarle al verdugo:

  • ‘tortúralo más más, perfecto mantenlo así’. ‘Ahí está el rostro de Prometeo desgarrado cruelmente, de Prometeo moribundo’.

El viejo dio muestras de debilidad, lloró.

  • Parrhasios le gritó, tus gemidos no son aún los de un hombre perseguido por la ira de Júpiter.
  • El viejo empezó a morir, con voz débil, el viejo de Olinto le dice al pintor de Atenas
  • Parrhasios me muero.
  •  mantente así.

Aunque la estructura es la misma, la mirada es cultural (creo también lo que veo). Aparecemos captados por pantallas que homogeneizan cualquier alteridad, ese encantamiento que nos captura  nos provee de la ilusión de que yo soy yo. Volvemos allí, al encandilamiento que enceguece. Del otro lado, como una pantalla muda, está Gaza, y la exhibición de la crueldad absoluta, del absoluto desprecio de la vida, ese alarde de odio transmitido en directo. Vuelta a esa especie de derecho de guerra que Parrhasios de Éfeso reclamaba para la representación veraz del sacrificio del esclavo. 

Los diagnósticos del pasado resultan insuficientes para pensar lo contemporáneo, cuando el fanatismo se legaliza. La más feroz realidad se muestra superflua. Los límites de lo posible se corren, la destrucción de un pueblo, limpieza étnica,  con la complicidad de los Estados, y la repetición del genocidio, ahora se muestra en las pantallas y nos confronta con su función ejemplar, ‘también puede pasarte a ti’. No estamos a salvo, el mundo se vuelve cada vez más siniestro.

¿Qué o quién hay detrás del lienzo que está pintando nuestra contemporaneidad? Llevamos años viviendo una especie de transparencia en el consumo, de todo tipo, ahora en redes,  que se detiene cuando llegamos a la puerta de los ojos que deciden el objetivo de la pintura y el uso del factor narrativo, hasta aquí puedo mostrar. En ese cuarto oscuro, esos ojos que deciden la expiación y la limpieza, se apoyan,cada vez más, en una escatología donde lo salvado y lo limpio se identifica con lo blanco y rico, donde la paleta se vuelve monocromática, porque el color y el infortunio quedan excluidos. La moral de la exclusión, por fin,  permite abiertamente odiar al diferente para no darle ningún lugar, ni siquiera en la compasión, es el nuevo templo de Armaggedon.

Deja una respuesta