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Del sentido, del sexo y de lo real

(La invención de lo real)

Una lección del seminario 23 de Lacan

Manuel Duro

“El primer paso del psicoanálisis supone que uno no se reconoce nunca en lo que es, porque lo que uno es, cuando se es hombre, es del orden de la copulación, es decir de lo que desvía dicha copulación hacia la no menos dicha y significativamente cópula, que constituye el verbo ser”.

Recuerden que hicimos un breve comentario: “Podríamos decir que el desvío como diría E. Gómez, va de la copulación a la cópula, del acoplamiento físico a la cópula que constituye el verbo ser, el “es”, indica un sujeto con un predicado”. Ser hombre no es una esencia biológica, ni siquiera una esencia filosófica, sino una posición en el lenguaje. Se podría decir que el hombre se define por su relación con el falo como significante. Lo que desvía la copulación hacia la cópula, es el significante o el lenguaje (palabra y falta).

El lenguaje encuentra en su inflexión hacia la cópula, la prueba de que es un rodeo completamente vejiga, es decir oscuro. Oscuro es en ese caso una metáfora, porque si supiéramos un fragmento de real, sabríamos que la luz no es más oscura que las tinieblas, e inversamente.”

Me interesa resaltar la última parte de este párrafo: “si supiéramos un fragmento de lo real (recordad, que antes ejemplificó ese fragmento de real con lo que un día “un día, un tal Newton, encontró. Viendo en eso mismo, el signo de que se había encontrado el carozo y que por ende, debe partirse de ahí), sabríamos que la luz no es más oscura que las tinieblas e inversamente.”

En la contratapa de las primeras ediciones de los escritos de Lacan, publicados por Siglo XXI, venía un texto que después no se sabe por qué, fue suprimido en posteriores ediciones. En la primera y en la segunda edición, traducida al español por Tomás Segovia, se dice: “…se prosigue un solo debate, siempre el mismo, y que, como debe hacerse evidente, es distintivo por ser el debate de las luces”. Con esta expresión, Lacan establece un paralelismo entre sus escritos y el siglo de las luces con su emblema más significativo: la Ilustración (el combate por la razón).

Lo que está en juego en el debate de las luces es la racionalidad versus el oscurantismo. Se trata de luchar contra el oscurantismo de la falsa evidencia que es creer que el “yo” es dueño y señor de su propia casa, consciente de sus motivos y transparente para sí mismo.

En la contratapa de los escritos, dice, que el debate de las luces es un dominio en el que la aurora se hace esperar: aquel que va del prejuicio del que la psicopatología no puede desembarazarse de la falsa evidencia de la que el yo se vale para pavonearse de la existencia. La oscuridad pretende ser su objeto y florece del oscurantismo que ahí reencuentra sus valores. Por tanto: “no debe causar sorpresa, que en esa oscuridad se haga resistencia al descubrimiento de Freud, descubrimiento que es el fin último de Jacques Lacan.”

No será la única vez que de modo significativo y especial, Lacan se refiera a lo oscuro y al oscurantismo. Será concretamente en el último capítulo del seminario XI, Los cuatro conceptos. Allí se referirá de un modo explícito al nazismo que estaba todavía fresco en esos años de 1964. Dice textualmente: “Hay algo profundamente enmascarado en la crítica de la historia que hemos vivido -el drama del nazismo, que presenta las formas más monstruosas y supuestamente superadas del holocausto. Sostengo, que ningún sentido de la historia, fundado en premisas hegelianos-marxistas, es capaz de dar cuenta de este resurgimiento, mediante el cual se evidencia que son muy pocos los sujetos que pueden no sucumbir, en una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de sacrificio a los dioses oscuros.

La ignorancia, la indiferencia, la mirada que se desvía, explican tras qué velo sigue todavía oculto este misterio. Pero para quienquiera que sea capaz de mirar de frente y con coraje este fenómeno – y repito, hay pocos que no sucumban a la fascinación del misterio en sí- el sacrificio significa que, en el objeto de nuestros deseos intentamos encontrar el testimonio de la presencia del deseo de ese Otro, que llamo aquí: el Dios oscuro. “

Vienen tiempos oscuros, se oye decir por doquier y se aduce como prueba, que han sido llamados tiempos de la llamada Ilustración oscura; ahí están sus máximos exponentes: Curtis Yarvin y Nick Land siendo recibidos en el despacho oval. Se dice que fue el segundo, el filósofo inglés Nick Land, el que desarrolló y acuñó el término Ilustración oscura. Se trata de una defensa a ultranza de la derrota del programa político de la Ilustración. Exit al derecho internacional y a los derechos humanos. Lo que llaman: “la ideología de los derechos humanos o bien la ideología woke.” Son asiduos del mega millonario Peter Thiel de Silicon Valley y del vicepresidente J.D.Vance. No les importa tener razón o no y lo dicen así claramente: tener razón es algo irrisorio, ridículo y despreciable. ¿Cómo proseguir con el debate de las luces que es, que fue, el proyecto de Lacan, y por ende el proyecto del psicoanálisis? ¿Cómo luchar contra el oscurantismo de la falsa evidencia que es creer que el “yo” es dueño y señor en su propia casa? Querer llevar razón a toda costa es ridículo e irrisorio, pero zanjar el tema político frente al otro, dándote igual todo, podría ser prueba de imbecilidad manifiesta.

“Si supiéramos un fragmento de real, sabríamos que la luz no es más oscura que las tinieblas, e inversamente.” Vigencia pues del debate de las luces, orientación de lo real que no es más oscuro que las tinieblas. Poder leer en la palabra una escritura nunca será más oscuro que las tinieblas, aunque no nos dé, de momento, ningún sentido.

“Y sin embargo, el lenguaje encuentra en su inflexión hacia la cópula (recordemos, que lo que uno es, cuando se es hombre, es del orden de la copulación y de su desvío hacia la cópula que constituye el verbo ser) la prueba de que es un rodeo completamente vejiga, es decir oscuro.”

Esta afirmación nos dice que el lenguaje no es una línea recta hacia el significado o hacia la cópula o a la unión del sujeto con el predicado, sino un desvío constante que revela su propia limitación o vacío. Lacan nos dice que el lenguaje es un rodeo, nunca nombra las cosas de modo directo o idéntico. Para definir una palabra, necesitamos usar otras palabras de manera infinita. La misma comunicación es un rodeo constante que pospone el encuentro directo con la realidad.

¿Y qué decir de que el lenguaje es un rodeo completamente vejiga, es decir oscuro? El término vejiga fue elegido en la primera parte para decir que la relación sexual, en la medida en que existe, prueba de hecho que la relación sexual supone confundir una vejiga con un farol (como confundir la gimnasia con la magnesia), es decir lo que nos arroja sin esperanza hacia la confusión. Una vejiga puede constituir un farol, siempre que se le ponga luz en su interior, pero mientras no haya fuego dentro, no será un farol.

El término vejiga indica algo inflado y hueco por dentro, y además o por ende, oscuro. Al calificar al rodeo, lo hace, lo convierte en un proceso vacío y oscuro. Es el lenguaje el que se muestra oscuro al descubrir que es, él mismo, un desvío sin un centro sólido. No hay una claridad última ni una verdad absoluta, solo existe el entramado del discurso.

En definitiva, el lenguaje se sabotea a sí mismo: al intentar conectar de forma perfecta con el mundo, solo demuestra que es un mecanismo indirecto, opaco y lleno de vacíos.

Así que sin quererlo y sin comerlo, hemos llegado a la conclusión de que el lenguaje es y se muestra oscuro y no la Ilustración. Podríamos decírselo a Curtis Yarvin, Nick Land y de paso a Thiel. Esto nos dará un respiro para poder continuar con el debate de las luces. De todos modos queda pendiente la pregunta ¿de qué es síntoma, el auge de las extremas derechas en buena parte del mundo? Y no solo del mundo occidental.

El punto fuerte aquí, es que la verdad no tiene otra forma que el síntoma.

Continúo con la lectura de la segunda parte del capítulo VIII del Sinthome: “La metáfora cópula no es una prueba en sí. Es la manera de proceder que tiene el inconsciente -este no deja más que huellas, que no solo se borran solas, sino que todo uso del discurso tiende a borrar, tanto el discurso analítico como los otros.”

El inconsciente no se demuestra, solo se muestra o se manifiesta. No existen pruebas empíricas directas de la existencia del inconsciente. El inconsciente no es un objeto físico ni una estructura fija que se pueda aislar en un laboratorio; por tanto la metáfora cópula, la cópula como articulación, la unión de dos términos, A es B, es un mecanismo de lenguaje, no una evidencia científica. Como había señalado antes, el lenguaje en su inflexión hacia la cópula, era un rodeo vejiga, completamente oscuro.

En cambio, disponemos de las huellas que produce el inconsciente, el problema es que son efímeras y se borran solas, de ahí la necesidad de que haya un lector para que pueda realizarse la lectura en la palabra. No solo se borran solas sino que todo uso de discurso tiende a borrar, y ahí hay que incluir incluso al discurso analítico. Me parece que esto último habría que entenderlo en el sentido de que también el discurso analítico podría caer en la trampa del lenguaje, de su rodeo vejiga, de su rodeo completamente oscuro.

De todos modos, no solo las huellas del inconsciente se borrarán solas o por todo uso del discurso, sino que su propia audiencia, no pensará más que en borrar las huellas del suyo, ya que fue él, quien comenzó dándole su estatuto al discurso analítico, partiendo de hacer semblante (Paidós traduce: simular) del objeto a minúscula. A partir de lo cual se hará posible nombrar, dado que el hombre se pone en el lugar de la basura que es. Lindo modo de nombrar un análisis, diríamos nosotros, aunque, claro está, ese psicoanalista tiene una buena razón para saberlo, dado que él mismo se pone en ese lugar; y lo dice en presente, no en pasado. Es preciso pasar por esta basura decidida para, quizás, reencontrar algo que sea del orden de lo real. Encontramos aquí esta expresión: orden de lo real, que podría ser controvertida, en el sentido de que el orden propiamente dicho, es el orden simbólico, pero el texto no deja lugar a dudas. Orden de lo real o simplemente lo real como todo aquello que queda fuera del lenguaje, lo que no se puede decir, imaginar ni representar.

Y aunque Lacan no esté conforme con la utilización del término reencontrar, le parece un deslizamiento, como si todo lo de este orden ya hubiera sido encontrado, lo cierto es que frente a lo real, la historia es hystoria, es decir hysteria. En prefacio a la edición inglesa del seminario XI, lo dirá claramente. Después de plantear al inconsciente como real, solo si se lo cree, añade un grano de sal: inconsciente hecho de historia, o lo que es lo mismo, de hysteria. Hay que recordar que en Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, Lacan planteaba que lo que le enseñamos al sujeto a reconocer como su inconsciente, era su historia: “es decir que lo ayudamos a perfeccionar la historización actual de los hechos que determinaron ya en su existencia, ciertos vuelcos históricos.”

Entonces, por un lado, está el término: “determinaron”, que supone que lo no reconocido actúa bajo la forma de vueltas, es decir, cambios de sentido y orientación, como dice en la primera parte de este capítulo y el anterior, y por otra parte, dice: lo ayudamos, y el verbo perfeccionar. Sin embargo ello queda contradicho en el prefacio a la edición inglesa…, cuando expresa: “no hay amistad que a este inconsciente lo soporte. No se trata de ayudar a perfeccionar, ni de amistad, ni de ningún socorro samaritano.

En este capítulo VIII del Sinthome, la historia no tiene ya esa dimensión totalitaria que tuvo antaño. No supone una operación que efectúa una continuidad; dicha continuidad que supera las discontinuidades de los lapsus, o el sinsentido de los sueños o su sentido sorprendente. La Historia es aquí una trampa o el más grande de los fantasmas. Tras la historia de los hechos en los que se interesan los historiadores está el mito. Lacan nombra aquí el mito de Vico que sostiene a Finnegans Wake. El mito de Giambattista Vico que sostiene la estructura de Finnegans Wake, es la teoría de la historia cíclica detallada en su obra Scienza nuova. Vico plantea que la historia de la humanidad no avanza de forma lineal, sino que repite eternamente un bucle evolutivo llamado corso e ricorso (marcha y contramarcha). James Joyce adoptó este modelo filosófico para construir la columna vertebral y la estructura de su novela Finnegans Wake.

Vico divide la evolución histórica en cuatro fases o edades consecutivas, las cuales se ven reflejadas directamente en la división estructural de Finnegans Wake: 1) Edad Teocrática (de los dioses), el ser humano, primitivo y temeroso, interpreta los truenos como la voz de Dios. En su libro, cada era divina comienza con una palabra de 100 letras que imita el sonido del trueno. Domina el miedo religioso. 2)Edad Heroica (la de los héroes). Nacen las leyendas, los reyes y las castas aristocráticas. Se caracteriza por las guerras, el orgullo y el lenguaje metafórico. 3) Edad Humana (la de los hombres), es la era de la razón, la democracia, las leyes y los derechos civiles. Sin embargo, la razón se corrompe con el tiempo y 4) Edad de la Disolución (Ricorso), la sociedad cae en el caos, la anarquía y la decadencia moral. Se produce un colapso total que reinicia el ciclo de vuelta a la Edad de los dioses (Edad Teocrática) mediante una gran caída.

Finnegans Wake emula esta división de manera exacta a nivel estructural. El libro está dividido en cuatro partes que corresponden con precisión matemática a estos cuatro momentos de la historia universal de Vico.

El ejemplo definitivo de la influencia de Vico, aparece en el diseño de la primera y última línea del libro. La novela carece de un inicio formal y de un final definitivo, porque es infinitamente circular. La última frase del libro queda inconclusa y dice: “A way a lone a last a loved a long the.” Esta frase se completa uniendo el final de la novela con la primera palabra de la primera página: “riverrun, pas Eve y Adam´s..”

La traducción sería: Un camino, un solitario, un postrer, un amado, un largo el… el curso del río. Salvador Elizondo lo traduce de este modo: “Fuera solo por fin amado junto al…” La frase es un lamento dulce y amargo que evoca a un río (Ann Livia) fluyendo hacia el mar y reiniciando su viaje eterno.

Para Lacan, Finnegans Wake se presenta como un sueño, al igual que Vico y las oscuridades de Madame Blavatsky, el manvantara y todo lo que sigue. En todo esto hay la idea de un ritmo, en el que Lacan recae con su idea de reencontrar. En cambio, para él, ahora, no se reencuentra, se encuentra (indicándose con ello que nunca se hace más que dar vueltas en círculos).

Aunque reencontrar tendría una ventaja que habría que destacar, es decir que no hay progreso, que solo se da vueltas en círculos.

Otra forma de explicar que no haya progreso es la pulsión de muerte. Solo hay progreso marcado por la muerte. Lo que Freud subrayó al pulsionar esta muerte. En la traducción de Paidós, dice: Triebando esta muerte. En la edición francesa, dice Trieber. O sea haciendo de la muerte una pulsión, es decir, una deriva. Lacan insiste aquí, no será en el único lugar, que derivas, sería una mejor traducción para la palabra alemana Trieb.

“La pulsión de muerte es lo real en la medida en que solo se la puede pensar como imposible”. Aquí tenemos un cruce entre Freud y Lacan, entre la teoría freudiana y la de Lacan. La pulsión de muerte en Freud quedó explicitada claramente en Más allá del Principio del Placer, como la tendencia absoluta del ser vivo a retornar al estado inanimado, rompiendo, ora la unidad biológica o la psíquica. Freud hablaba de ese conjunto de fuerzas que tendían a llevar lo animado a lo inanimado, lo orgánico a lo inorgánico. Para Lacan, lo real, es aquello que queda fuera del lenguaje (lo simbólico) y de la imaginación (lo imaginario). Es lo que no se puede nombrar ni representar.

Encontramos un punto de unión entre ambos conceptos, pulsión de muerte y real, en tanto que ambos conceptos representan el límite absoluto del sentido y de la experiencia humana.

Lo real solo se puede pensar como lo imposible, denotando de este modo, resistencia al lenguaje. Lo real es lo imposible, porque en el momento en que intentamos explicarlo o ponerlo en palabras, lo transformamos en simbólico y deja de ser algo real. En esto coincide con el silencio pulsional, la pulsión de muerte trabaja en silencio, no tiene representación directa en el inconsciente, solo vemos sus efectos repetitivos o destructivos. Estamos aquí frente a un límite lógico, tenemos aquí un vacío central, alrededor del cual se construye la psique humana. Es un imposible necesario, para que el resto del sistema tenga estructura.

Encontramos que la pulsión de muerte es lo real, tiene una estructura análoga al inconsciente es la política que Lacan despliega en la Lógica del fantasma. En dicho seminario, es la política en la medida que solo se la puede pensar como imposible. Análogo a los otros dos imposibles freudianos: educar y gobernar.

Entonces, la pulsión de muerte es lo real, en la medida en que solo se la puede pensar como imposible. Cada vez que da la cara es impensable. Abordar este imposible no puede constituir una esperanza, porque este imposible es la muerte, cuyo fundamento en lo real implica que no pueda ser pensada.

Deberíamos hacer un arco y volver aquí a la Ilustración oscura y sus adalides que como es bien sabido, promueven la negación de la muerte en sus lógicas implacables de acumulación de capital. ¿De que nos sirve sentirnos más fuertes y poderosos, si ello no nos permite tener la ilusión de poder escapar de la muerte?

El problema es que una vida sin muerte, acaba siendo paradójicamente mortal y autodestructiva. En un sistema que reprime la muerte, la única solución posible es una revolución de la conciencia que devuelva la muerte a la vida.

Nos acercamos al final de la parte II del capítulo VIII del Sinthome. No podemos decir que no haya sido sin esfuerzo. Esta parte final va a versar sobre varios comentarios hacia Joyce: “Lo increíble es que Joyce – que sentía el mayor desprecio por la historia, a la que califica de fútil y de pesadilla y cuya característica es soltar hacia nosotros, palabras grandilocuentes que nos hacen tanto mal – solo haya podido encontrar esta solución, escribir Finnegans Wake, es decir un sueño que, como todo sueño, es una pesadilla, aunque sea una pesadilla moderada.

En Finnegans Wake, que el soñador sea el sueño mismo, responde a una disolución radical de la identidad, donde la conciencia individual se funde con el lenguaje y con la historia universal. A diferencia de un relato tradicional donde un personaje tiene un sueño identificable, Joyce construye la novela de tal forma, que la estructura de la mente borra los límites entre el sujeto y el objeto.

Se produce una fluidez total de las identidades. Por eso dice Lacan que Joyce se desliza, se desliza, se desliza, lo dice tres veces, hacia Jung y hacia el inconsciente colectivo. Ejemplo: aunque se suele identificar al tabernero Humprey Chimpden Earwicker (HCE) como el durmiente principal, sus iniciales, es decir H.C.E, se expanden constantemente a conceptos colectivos como: Heres Comes Everibody (aquí viene todo el mundo). Además se produce desdoblamiento, el soñador no observa la historia desde afuera, el es el paisaje, el río Liffey, sus propios hijos rivales (Shem y Shaum) y a la vez héroes míticos como Finn Mc Cool o Adam y Eva.

Lacan dice, que nada prueba mejor que Joyce, que el inconsciente colectivo es un sinthome, porque no puede decirse que Finnegans Wake en su imaginación no participe de este sinthome.

Lacan finaliza esta parte II, diciendo dos cosas, que considero relevantes. La primera es que “Joyce va a ser el signo de su impedimento, justamente en la medida en que él expone de un modo completo y especialmente artístico (porque sabe arreglárselas, car il sait y faire), el sinthome, sinthome tal que no pueda hacerse nada para analizarlo.”

Este término “impedimento” tiene arraigo y abolengo en Lacan. En el seminario X, la Angustia, en su primer capítulo que tiene por título “la angustia en la red de los significantes”, va a ser una de las dimensiones que le permite construir esa matriz especial que será: Inhibición, Síntoma y Angustia. Me remito a los esquemas que vienen en ese capítulo y en el seminario en general.

En el eje horizontal pone la noción de dificultad y en el otro eje de coordenadas (el vertical) pone el movimiento y hace los siguientes comentarios: ¿Por qué no recurrir a la palabra impedir? De esto se trata ciertamente. Nuestros sujetos están inhibidos cuando nos hablan de sus inhibiciones, y nosotros mismos cuando hablamos de ellos en congresos científicos, pero cada día ciertamente están impedidos. Estar impedido es un síntoma. Estar inhibido es un síntoma metido en el museo.

Lacan pone impedimento en la misma columna que síntoma, que lleva la grafía antigua y busca en su etimología (impedicare) la relación de una dimensión que impide no la función, no el movimiento, sino ciertamente al sujeto.

La segunda cosa que quería decir y con la que termina esta parte II, es que un católico de abolengo como era Joyce y que nunca pudo negar haber sido sanamente educado por los Jesuitas, católico pues, de verdad, pues bien, un católico es inanalizable.

III) Parte

Comienza haciendo referencia a una película japonesa de la que no dice su nombre, pero de la que sí dice, que la ha visto acompañado por miembros de su Escuela. Todos quedaron muy asombrados. Sabemos que se trata del Imperio de los sentidos, tal fue el nombre que recibió en lengua española, traducción del francés L´Empire des sens. Dirigida por Nagisa Oshima. El film trata de manera sexualmente explicita un hecho real acaecido en los años 30 en Japón.

Lacan nos dice que el erotismo femenino parece llevado a su extremo, y este extremo es el fantasma, ni más ni menos, de matar al hombre. Pero aún así, esto no basta. Después de haberlo matado, se va más lejos. La japonesa en cuestión, que es una amante (o bien, una mujer formidable), conviene decirlo, corta el miembro de su compañero. En este punto, Lacan se pregunta: ¿por qué no se lo cortó antes? La pregunta queda más o menos en suspenso al zanjar la duda afirmando: aquí se ve bien que la castración no es el fantasma y no es tan fácil situar la función que le corresponde en un análisis, puesto que puede estar fantasmatizada.

Volvemos aquí al comienzo de la parte II y su referencia a Encore, al capítulo “la función de lo escrito” donde protesta por la confusión entre los matemas S(A) tachado y Φ mayúscula.

La letra Φ mayúscula que puede ser la primera letra de la palabra fantasma, sitúa las relaciones de lo que llamará una función de fonación. Y añade, esta es la esencia del Φ, contrariamente a lo que se cree. Es una función de fonación, que en tanto tal, resulta ser sustitutiva del macho, llamado hombre.

Esta función de fonación me retrotrajo a los pasados años 90 del anterior siglo, después de las jornadas Acontecimientos en el cuerpo, que se desarrollaron en el hospital en el que yo trabajaba en el servicio de Medicina Intensiva y que versaron especialmente sobre Psicosomática. A raíz de dichas jornadas, me empeñe, mediante dispositivos fonatorios, en hacer hablar a los enfermos afectos de parálisis neuromusculares ingresados en UCI y que precisaban de intubación orotraqueal y ventilación mecánica para continuar respirando. Hay un Letra-Hora por ahí, donde exponía el funcionamiento del artilugio y como conseguía restituir la función de la fonación. Por eso me llama la atención que Lacan de modo explícito en este texto, diga, que la función de la fonación, en tanto tal, resulta ser sustitutiva del macho, llamado hombre.

S(A) tachado es algo completamente distinto de Φ. No es eso con lo que el hombre hace el amor. A fin de cuentas, él hace el amor con su inconsciente y nada más. La sabiduría Joyceana es una ‘folisofía’, menos siniestra que el Libro llamado de la Sabiduría, de la Biblia. Consiste para cada uno en servirse de su sínthoma, de la singularidad de su pretendida minusvalía psíquica, para lo mejor y para lo peor, sin aplastar su relieve bajo un sentido común.

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